Mucho Mucho amor: La Leyenda de Walter Mercado

Favorito de ricos y pobres, de famosos y de políticos, Walter Mercado súbitamente desapareció. Su historia se devela en este gran documental.

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Momento clave de Mucho Mucho Amor: La Leyenda de Walter Mercado: Walter se levanta de su cama, lentamente se maquilla, se peina, elige una de las múltiples capas que atiborran sus muchos closets. Han pasado ya muchos años (desde su autoimpuesto retiro) que las cámaras no lo visitaban. Hoy es el día. Voltea a la lente, sube las palmas de las manos a la altura de la cara. Sonríe. Está listo para su close-up.

Hay dos cosas que son inevitables luego de ver Mucho Mucho Amor: La Leyenda De Walter Mercado, el documental dirigido a cuatro manos por Cristina Costantini y Kareem Tabsch exclusivo de Netflix.

La primera: al ver a Walter, luego de tantos años de ausencia, feliz frente a las cámaras de este par de documentalistas, uno no puede sino pensar en el viejo astrólogo como una versión postmoderna de Norma Desmond (Sunset Blvd, Wilder, 1950), retirado luego de al menos una década de mucho éxito, viviendo del recuerdo de glorias pasadas, ya con varios años a cuesta, pero listo siempre para posar de nuevo frente a la televisión.

Entrevista con Cristina Costantini, Kareem Tabsch y Alex Fumero, directores y productor de la cinta

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Segundo: de igual forma resulta irremediable -luego de ver esta historia que incluye misterio, intriga y hasta un villano- sentir tremenda empatía por aquel personaje que en los años noventa llenaba los espacios de la publicidad televisiva con spots sobre su línea psíquica, “la única línea seria y verdadera”, para vender un atisbo al futuro, detener las angustias, “dejar las tristezas y abrirse a un mundo lleno de amor. ¡Llame ya!”.

Con una estructura clásica, sin mayor aspaviento visual pero con un sólido trabajo de investigación, búsqueda de familiares, amigos, ex-socios de trabajo y fans (que van desde Lin-Manuel Miranda hasta Eugenio Derbez), el documental narra cronológicamente la historia de Walter Mercado Salinas, nacido en Puerto Rico un 9 de marzo de 1932.

Obsesionado con la actuación, en su adolescencia incursionó en el teatro, y un día fue a la televisión para promocionar una obra. Se fue con el vestuario puesto: una capa extravagante, maquillaje y collares. El productor del canal lo ve y le pide que lea los horóscopos del día a cuadro. Mercado acepta, improvisa, hace ademanes e imposta una voz melodramática. Es un éxito absoluto. El inicio de una industria de un solo producto, de un solo hombre, que en su apogeo llegó hasta 120 millones de televidentes.

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Es Walter

Con el tiempo perfecciona al personaje y eleva la extravagancia a niveles insospechados: las capas, los anillos, los colores chillantes, el peinado, y esa imagen andrógina que a más de uno (me incluyo) nos hizo preguntar frente al televisor ¿es hombre o mujer? Es Walter.

Favorito de los famosos y de los comunes, de los ricos y de los pobres, del pueblo y de la elite. Su fama recorrió todo Estados Unidos y Latinoamérica. En un territorio preponderantemente machista y homófobo, Walter era rey. Se codeaba con el poder, andaba en limousina, jamás fuera de personaje, su fama llegó incluso a Europa, se codeaba con reyes y reinas. Y un día, súbitamente, no más. Walter Mercado desapareció de la televisión y con él las capas, las runas, y la profecía de un futuro lleno de esperanza y amor, mucho amor.

Siempre representa un problema cuando un documental se hace desde la admiración, y es claro que Mucho Mucho Amor: La Leyenda De Walter Mercado surge desde ese puerto. No obstante, Cristina Costantini y Kareem Tabsch saben sortear los peligros de la adulación y la lisonjera, aprovechan al máximo el potencial del personaje que tienen de frente y tampoco se dejan llevar por el morbo.

Con el tiempo, Mercado se convirtió en un ícono kitsch de la cultura pop. Un símbolo de resistencia e inspiración para todos aquellos a los que las taras de la sociedad los engulle con su mojigatería y falsa moral. “Si Walter puede ser él mismo, yo también”.

Ícono Kistch

Mercado estaba más allá del clóset, o en todo caso (como comenta Kareem Tabsch) lo traía todo el tiempo a cuestas. A la pregunta obvia, prefiere citar a  Juan Gabriel: “lo que se ve no se juzga”. Y sobre sexo, ni hablar. ¿Es acaso virgen? Para Walter el sexo va más allá de lo corpóreo.

O eso dice, porque la gran revelación de este documental es constatar que Walter Mercado Salinas era un gran actor de un solo personaje: él mismo, al cual fue nutriendo y portando durante toda su vida, con una pasión absoluta y un convencimiento tal que resultaba contagioso.

“¿Retirado?, yo jamás me he retirado” dice Walter, con su capa, su maquillaje, sus joyas, y esas palmas al aire que indican que está listo, siempre, para su close-up.