I know kung-fu: por qué The Matrix importa

Star Wars estaba destinada a ser el gran hit de 1999, pero, luego de la decepción, quien se llevaría la corona de la cultura pop sería otra cinta: The Matrix.

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En las semanas previas al estreno de The Phantom Menace -en aquel lejano mayo del 99- nadie hablaba de otra cosa. La primera precuela de Star Wars estaba a punto de llegar a los cines de todo el planeta.

George Lucas llevaba 16 años alejado de la lente. Había alcanzado una inmortalidad que se había desvanecido para sus contemporáneos: mientras la mayoría de ellos fracasaban épicamente con cada nueva cinta, desde su Skywalker Ranch Lucas se convertía en el cineasta más influyente del siglo XX.

No era un artista, él era un fabulador, uno de cuya visión había surgido los cambios que habían cambiado el arte popular de los últimos 20 años: el sonido THX 1138, Pixar, LucasArts, Industrial Light and Magic… Lucas era un genio y en medio de ese viaje de fantasía, también se había hecho  millonario.

Su regreso iba a mostrar a todos que seguía siendo aquel Prometeo que en 1977 encontró la mina de oro en el cine escapista, y que una nueva mitología podía surgir del arte popular.

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Pero entonces…. llegaron las Wachowski.

Los que vivían aterrados por el colapso cibernético del año 2000 llegaron al cine para ver The Phantom Menace esperando el gran regreso de una mitología que había crecido con ellos: un cálido abrazo en tiempos de incertidumbre. En cambio, lo que obtuvieron fue una cinta protagonizada por un niño, un Tribilin sin gracia y un estilo que triunfaba contra la substancia.

Era el peor de los mundos posibles: aquella saga que había forjado nuestra infancia, revolucionado la cultura popular y vaciado nuestros bolsillos (vía la compra de muñequitos), se había convertido en algo tan profundo y barato como la contraportada de una caja de cereal.

El mito de Star Wars había sobrepasado al propio Star Wars. La saga se había convertido en algo tan grande que ya ni Lucas mismo sabía cómo habitarla.

 

What is the Matrix?

Usando técnicas de mercadotecnia de guerrilla, en pósters que poco a poco iban tomando las calles de las ciudades más importantes del mundo (incluyendo la Ciudad de México, of course), llegaba un cartel que hacía una pregunta a los transeúntes: “¿Qué es la Matrix?”

El cambio era radical: del confort que prometía una nueva película de Star Wars, pasábamos a la confrontación directa. Si en aquella cinta ya sabíamos qué esperar (los medios se cansaron de abrumarnos con detalles sobre The Phantom Menace) sobre The Matrix no sabíamos nada (y menos de este lado del Río Bravo). La promesa era demasiado tentadora.

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La Matriz

The Matrix está hoy día tan arraigada en la cultura popular contemporánea que cuesta creer que al principio era una cinta que sólo buscaba cumplir el delirio de dos hermanas que se habían criado consumiendo arte menor.

Nacidas cómo Larry y Andy, (hoy Lilly y Ana) ellas eran justo el público al cual Star Wars le habló en su estreno: fans de Dungeons and Dragons y de la ciencia ficción más clavada.

Después de ver cómo Hollywood había destrozado su guión de Assassins (1995), y habiendo debutado en la dirección con el neo noir lésbico Bound (1996), ellas estaban empeñadas en que su siguiente película iba a ser una en la cual no permitirían que nadie les dijera cómo hacerlo.

No iba a ser una revolución sino una cinta que le hablara a la gente cómo ellas, una que mezclara la mitología del cómic con una ciencia ficción más cercana a Philip K. Dick y menos a Flash Gordon, una cinta que dejara a un lado las tonterías de robotitos parlantes para presentar una nueva filosofía, una nueva manera de ver al mundo que no era críptica para el geek, para el nerd, para el new age.

Un producto concebido para ser de culto

Un presupuesto de 60 millones de dólares, actores pocos conocidos (después de que Will Smith rechazó el protagónico) y dos años de preproducción eran los ingredientes de una película que nadie sabía muy bien de qué iba. Lo único que se sabía era que un grupo de rebeldes luchaba contra de las máquinas y que en medio de eso había algo llamado Matrix.

Las pocas fotos que se filtraban eran más cercanas a un cyberpunk con estética de club sadomasoquista que mostraba a sus personajes con una estética cool que nada tenía que ver con lo que muchos pensaban era la ciencia ficción. Así, The Matrix se estrenó sin una identidad definida.

 

En la forma está el fondo

Al principio todo era obscuro pero soso. Veíamos a un grupo de sujetos buscando detener a alguien llamada Trinity, en una de esas bodegas anónimas que nutren el cine de acción.

Los veíamos acercarse…

Cada vez más cerca…

Y entonces Trinity se elevaba y nuestra manera de ver cine también.

De nuevo, todo era posible.

William Gibson, Realidad y Simulacra, Dungeons and Dragons, Bondage, psicología evolucionaria, Harlan Ellison… Matrix no era un producto original: era un producto de influencias que durante muchos años fueron de nicho y no tenían, hipotéticamente, cabida dentro de un producto de masas.

La oferta que hace Morfeo a un gris oficinista/hacker mercenario llamado Kevin Anderson era la misma que nos hacían las Wachowski: dejar a un lado el cómo entendíamos dos géneros “menores” para ver cómo había otra manera de contar conceptos más complejos con todas las herramientas de la cultura popular. Era un llamado a tomar las armas del cine y llevarlas a nuevos horizontes.

Después de 460 millones de dólares en taquilla, este par de nerds eran las nuevas heroínas de un sector que no existía en Hollywood cómo target: el del fan clavado, el de aquel que analiza una película como muchos a la biblia.

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Alterando la identidad

Pero aquí hay una diferencia notable: mientras que George Lucas tenía traumas (un padre exigente, amigos que lo consideraban un pelmazo infantil, una contracultura que nunca había tenido un lugar para él) las Wachowski tenían represión. Y, ahora, también dinero.

La en ese entonces fundamental Rolling Stone fueron los primeros en publicar los rumores, como si fuera algo verídico, como una mitología que ahí estaba esperando exponerse: Larry Wachowski estaba a punto de convertirse en Lana; aquella persona que en las pocas fotos que conocíamos se veía cómo alguien escuálido y tímido dedicada sus noches a frecuentar clubes sadomasoquistas extremos y exigía a sus colaboradores un silencio absoluto que combinara con la mística que estaban cultivando.

Divorcios millonarios y relaciones con dominatrices eran algo que generalmente eran carne de tabloide pero no de esta manera, que además resultaba coherente con la filosofía que se nos había vendido: el que la identidad era algo fácilmente alterable y que DEBÍA alterarse, lo único que faltaba eran las herramientas.

 

 

Matrix: ¿plagio?

Una de las acusaciones más frecuentes a The Matrix es que es un descarado plagio del mítico cómic The invisibles de Grant Morrison. La historia -sobre una sociedad secreta que busca librar a la humanidad de la opresión de los arquitectos de la realidad- es demasiado similar a la que convirtió en millonarias a las Wachowski, pero con una diferencia fundamental: mientras que en los invisibles el esoterismo y las teorías de conspiración son las armas para ganar la batalla, en Matrix eso cambia a la tecnología.

Lo que presentan en la cinta no es ciencia, es esoterismo donde el ritual se sustituye por comandos y la magia por tecnología. The Matrix hizo que la idea de un ciberespacio fuera un infinito de posibilidades donde cualquiera al ingresar a ella podía ser algo distinto.

Realidad mutante

Cómo bien decía El Mago de Oz: el hombre tras la cortina no importa. Todos detrás de la pantalla podemos ser absolutamente lo que queramos sin que exista una barrera más que la ética que lo pueda impedir; cada día conocemos a través de las redes sociales a nuevos mejores amigos que están ahí pero nunca junto a nosotros. No sabemos quién creó Bitcoin pero hay ochocientas leyendas de billonarios japoneses que nos pueden decir la verdad que más nos acomode.

Al final, la identidad se convirtió en una moneda de cambio que podría mutar y cambiar a nuestro antojo y era en el imaginario que encontrábamos pistas para poder alterarla a nuestro potencial.

Un nerd de Indiana deja de serlo y se convierte en un visionario del cine y la tecnología.

Dos hermanas se encuentran a sí mismas y dejan su vida anterior para convertirse en visionarias del cine y la tecnología.

Nos vemos en el 2021.