Matrix Resurrections: o el disenso simulado

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Advertencia: este texto contiene spoilers.

En algún momento de Matrix Resurrections (USA,2021), el viejo pero exitoso programador, Thomas Anderson (Keanu Reeves), famoso por ser el autor de una popular trilogía de videojuegos llamada The Matrix (probablemente han hablado de ella), se entera por su jefe que tendrá que hacer la cuarta parte del mentado videojuego porque su socio comercial, la Warner Brothers (sic), dio luz verde al proyecto no importando lo que opine su autor. “Lo harán con o sin nosotros”.

Así, con este delicioso cinismo meta es como Lana Wachowski, directora y co-guionista de la cinta (su hermana Lilly no quiso subirse al proyecto) parece encontrar la vía para expresar su propio descontento no sólo con el hecho de regresar a su obra maestra, Matrix (1999), sino que además sirve como comentario sobre la situación del cine en la actualidad.

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La gran pregunta a contestar es, ¿cómo es que Neo (Keanu Reeves) y Trinity (Carrie Anne-Moss) van a regresar sí se supone están muertos? Bueno, pues la respuesta es obvia y Lana Wachowski no tiene miedo en ser sincera: la culpa es de Warner, la razón es del dinero.

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Este juego de romper una quinta pared con el espectador no necesariamente es original como concepto (ver Wes Craven New Nightmare, donde Heather Langenkamp se interpretaba a sí misma renuente a regresar a la secuela de Nightmare on Elm Street) pero si como intención. Y es que no solo se trata de un escape curioso a una necesidad casi de mercado (¿cómo le hacemos para traer de vuelta The Matrix?), sino que trae consigo una crítica a la industria que solo sabe reciclar ideas y donde la originalidad ha muerto. 

Si, Matrix 4 viene  quejarse de las secuelas y las franquicias.

Este movimiento, que está entre la osadía y la genial impostura, curiosamente llega en el momento perfecto. Las salas alrededor de donde sea que se exhiba Matrix Resurrections están abarrotadas con público sediento de ver Spider-Man: No Way Home, una secuela que es parte de una franquicia, el tipo de producto del cual esta película se queja, cual viejito loco gritando cosas al aire: el otrora elegante y sibarita Merovingio (muy divertido cameo de Lambert Wilson) vuelto ahora sucio vagabundo que se queja de la poca originalidad en el cine, de la creación de Facebook, de que ahora todo está en el celular para luego sentenciar (¿amenazar?): vendrán más secuelas.

Si este tono entre burla y autoparodia permeara en toda la cinta, tendríamos tal vez una de las secuelas más interesantes del cine comercial gringo, pero desgraciadamente eso no sucede. Matrix Resurrections es un condensado de lo mejor y lo peor de las tres primeras cintas: luego de este divertido juego meta, viene la inevitable dosis de diálogos explicativos, solemnes y aburridísimos para luego pasar a las esperadas escenas de acción.

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Y vamos, es grave lo que sucede en este último punto: estamos frente a una película de la saga Matrix donde no hay una sola pelea o escena de acción que resulte memorable. Peor aún: ninguna de las peleas tiene justificación alguna, todas son un mero pretexto para avanzar un poco la trama y despertar al respetable que ya se durmió con los choros de Niobe (Jada Pinkett Smith bajo kilos de maquillaje) o el nuevo Agente Smith (Jonathan Groff).

Así, Matrix Resurrections es un perrito que ladra mucho, que muestra los colmillos, pero que jamás muerde, al contrario, pareciera que solo quiere llamar la atención y al final resulta inofensivo. Una película cuyo principal objetivo es celebrarse a sí misma. El resumen de toda la saga -con virtudes y defectos- en una sola película. 

Aunque eso sí, honor a quien honor merece, la película si acaso vale la pena por la dupla Moss-Reeves. La mejor escena de esta Matrix no es una de acción o efectos especiales, es aquella donde Trinity y Neo, aún sin saber que están en la realidad virtual de la Matrix, platican sobre cómo, a pesar de sus vidas ideales, se muestran inconformes, aburridos, al grado de querer mandar todo al diablo y salir corriendo encima de una moto.

“La nostalgia es la cura para la ansiedad” menciona alguien en algún momento de esta cinta. Vaya que sí, porque a pesar de lo fallida que resulta esta película, la única razón para verla son ellos, Trinity y Neo. Su amor sigue siendo más fuerte que las corporaciones, los remakes y las malas películas.