Nightmare Alley: el arte de repensar un clásico

Nightmare Alley

Nightmare Alley (USA, 2021) o El callejón de las almas perdidas, por su título en inglés, marca el regreso de Guillermo del Toro a las salas de cine luego del éxito de La forma del agua (2017), película que ganó el Oscar a Mejor Película y que lo hizo merecedor del premio a Mejor Director.

¿Sería capaz Guillermo del Toro de superar con Nightmare Alley a Shape Of Water? La respuesta es si, y por mucho.

En este contexto era imposible no cuestionarse si el mexicano sería capaz de entregar un trabajo de la calidad de su antecesora. La respuesta es contundente: claro que fue capaz. El callejón de las almas perdidas es una de las películas mejor logradas en su filmografía (si no es que la mejor) y supera a su antecesora de 1947, dirigida por Edmund Goulding y protagonizada por Tyrone Power, en prácticamente todos los rubros.

Nightmare Alley de Guillermo del Toro

 

Te puede interesar:  The Batman: de la oscuridad a la luz

De pesadillas y almas perdidas

La versión de Nightmare Alley de Guillermo del Toro es una adaptación de la novela homónima de 1946 escrita por William Lindsay Gresham. Un año después fue adaptada al cine por Jules Furthman. Fue Ron Perlman quien le presentó a Del Toro la película cuando éste solamente tenía un largometraje bajo el brazo (Cronos) y desde ahí quedó prendido a la historia. Así como una de las premisas de Nightmare Alley es que el hombre no puede escapar de su destino, el destino alcanzó a Del Toro con esta historia.

En la primera escena de la película vemos al protagonista de la historia, Stanton Carlisle (Bardley Cooper), arrastrar un cuerpo y prenderle fuego para que sea consumido por las llamas. Al momento no sabemos cosa alguna de Stan ni del cuerpo del cual se acaba de deshacer. Tampoco lo saben los personajes de una feria a la que Stan se acerca y en la cual encuentra el refugio que necesita para esconderse por un tiempo. Ahí conoce a Zeena (Toni Collette) y a su esposo, Pete (David Strathairn), de quienes toma la idea de hacer un show de clarividencia que lo saque a él y a Molly (Rooney Mara) de la errante vida de la feria y el circo. Ambos se lo merecen, o al menos eso cree Stan.

En este ascenso Stanton conoce a la psicóloga Lilith Ritter (Cate Blanchett), cuyo encuentro, además de ser uno de los grandes momentos de la película, llevará a Stan por caminos peligrosos para él y para quienes le rodean. La codicia que muestra el protagonista y el pasado violento que parcialmente conocemos llevan al espectador a preguntarse quién es realmente Stanton Carlisle y hasta dónde es capaz de llegar para satisfacer sus deseos.

Bradley Cooper y Rooney Mara en Nightmare Alley

 

Una adaptación pasada por el filtro de su director

“¿Es una bestia o es un hombre?” Pregunta Clem (William Defoe), el dueño de la feria, para alimentar el morbo a un grupo de personas, entre las que se encuentra Stan, que se han congregado para ser testigos de lo bizarro. Y aunque la pregunta tiene como objeto a la monstruosa criatura de este circo de llamados fenómenos, se trata en realidad de una invitación de Guillermo del Toro para cuestionarnos la naturaleza de nuestro protagonista. Sería fácil sucumbir frente a su encanto aún habiendo visto cómo se deshacía de un cadáver previamente.

¿Qué es lo que nos hace humanos? ¿Sirve de algo la culpa? ¿Hay lugar para la redención? ¿Podemos escapar de nuestro destino? Estas son algunas de las interrogantes que acaricia Guillermo del Toro en El callejón de las almas perdidas y para ello se vale de sus propias pasiones, las personales y las cinematográficas que, en un autor como Del Toro, es difícil distinguir dónde comienzan unas y terminan otras.

La adaptación de Guillermo del Toro y Kim Morgan pasa por el filtro del director y la convierte en una historia personal y autoral. Los monstruos y los fantasmas siguen ahí, como muchas críticas han hecho notar, pero me niego a compartir la opinión de que aquéllos de las películas anteriores fueran infantiles. Del Toro constantemente ha sostenido en su cine que los verdaderos monstruos no lucen como esperamos y que los fantasmas son las heridas que se niegan a permanecer en el pasado. Estas ideas se mantienen en Nightmare Alley.

Cate Blanchett in Nightmare Alley

El callejón a la distancia: 1947 y 2022

Aunque no sea justo, es inevitable no comparar la versión de Guillermo del Toro con la de Edmund Goulding. Es cierto que hay muchos años de distancia entre 1947 y 2022 (75 años, para ser precisos) y que la tecnología y el ritmo en el cine ha cambiado desde entonces. Sin embargo, las comparaciones ayudan a entender muchas cosas de ambas películas.

Resulta curioso pero la versión de Guillermo del Toro (cabe señalar que la primera vez que la vi lo hice en blanco y negro) parece más cine noir que la original. Y aunque es curioso, no sorprende porque los años le dan a Del Toro la ventaja de trabajar con un género que desarrolló sus formas y motivos durante años y que ahora se pueden apreciar desde la distancia, bien sea para honrarle o deconstruirle. El mexicano se inclinó más por lo primero.

El diseño de producción, la fotografía y la música, en esta nueva versión hace que la historia roce techos más altos que su predecesora pues no solo están para vestirla, sino para potenciarla. A ello conviene agregar que la estructura narrativa de las versión de Del Toro refuerza el camino en espiral descendente del protagonista y la idea de la inevitabilidad de su destino.

Finalmente, se nota un mayor cuidado por los personajes y sus motivaciones en el caso de la versión de Guillermo del Toro. Además de que logró dotar a los personajes secundarios de un atractivo y empatía superior a su predecesora. Del Toro juega de manera más insistente con la ambigüedad moral de sus personajes y, en consecuencia, con la percepción del público acerca de ellos. En esta versión queda claro que somos un mundo de víctimas y victimarios. El error está en suponer que somos exclusivamente uno o el otro.


Acerca de Raúl Orozco 75 Articles
Politólogo y maestro en políticas públicas, entusiasta de los deportes y el cine. Gozo ser testigo de la capacidad creativa de quienes se dedican a contarnos historias, así como conversar y escribir sobre ello.