Roger Ebert: el crítico de cine de la clase trabajadora

Roger Ebert cumpliría hoy 77 años. El crítico de cine del Chicago Sun Times cambió la percepción de la crítica de cine para siempre.

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Hasta el momento nadie lo ha dicho mejor que Barack Obama: para una generación entera, Roger Ebert fue sinónimo de cine.

Famoso por su programa de televisión que -junto con su mejor enemigo, Gene Siskel- ambos alcanzaron gran notoriedad y fama por algo que hasta entonces era exclusivo de revistas y periódicos: hacer crítica de cine. El rating que llegó a alcanzar el programa convirtió a esta pareja de amistosos enemigos en auténticas celebridades cuya fama rebasaba las fronteras de Estados Unidos.

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Ganador del premio Pulitzer en 1975 (el primero en ser otorgado a un crítico de cine), su columna de cine en el Chicago Sun-Times aparecía en cientos de periódicos de todo el orbe. Sin duda, Roger Ebert fue el crítico de cine más reconocido del mundo.

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One of us

Lo que hacía especial a Roger Ebert es que hizo accesible a las masas la crítica de cine. Mientras los demás críticos convivían en su muy particular y al parecer intocable Olimpo, Roger prefería quedarse a nivel de tierra para ver y analizar junto con nosotros las películas. Ebert era el crítico de cine de aquellos que no sabíamos nada excepto que nos gustaba ir al cine.

Cierto, sus textos probablemente carezcan de la erudición manifiesta de un Andrew Sarris o una Pauline Kael, pero en un mundo donde la sapiencia parecía ir de la mano de la complicación verborreica, Ebert nos enseñó que se puede hacer análisis cinematográfico sin necesidad de ser rebuscado o, peor aún, aburrido.

«Están en esto porque quieren su quote en un poster […], quien haga las cosas por  esa razón tiene burbujas en el cerebro».

«Un crítico de cine debe fomentar el pensamiento crítico, considerar la escena local, ver más allá de los estrenos de fin de semana, ser el hombre del tiempo en cuanto a las tendencias sociales, poner las cosas en un contexto más amplio, enseñar, informar, entretener, ser apoyado, ser atacado»; así definía Roger Ebert el trabajo de la crítica cinematográfica.

Pero más allá de lo anterior, lo que define y hace especial el trabajo de Roger Ebert es que en sus textos se nota el ingrediente extra: esa pasión no sólo por el cine, sino por salir a platicarle -platicarnos- a los demás sobre la película que acaba de ver. Nunca desde una posición de falsa erudición sino al mismo nivel que los espectadores.

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Su prosa era estructurada, simple, sin grandes recovecos lingüísticos o complicaciones que para muchos son sinónimo de sabiduría pero que al final lo único que logran es alejar lectores. Escribir de manera clara y estructurada no era sino una de sus reglas de oro de Roger al momento de hacer una crítica.

«No se trata», decía Ebert, «de decirle a la gente qué ver y qué no. Se trata de contarle a los lectores sobre aquellas películas que amamos u odiamos […],  toda crítica debería darle una idea al lector sobre lo que podría experimentar al ver una película».

«Idealmente un crítico jamás debería aceptar los viajes pagados, los hoteles de lujo, las limosinas rumbo a una premiere o los bocadilllos posteriores a la misma»,

Con la autoridad que le daban sus años de experiencia, no dudaba en cuestionar a las nuevas generaciones de críticos jóvenes surgidos en su mayoría por el internet, «están en esto porque quieren su quote en un poster […], quien haga las cosas por  esa razón tiene burbujas en el cerebro».

No dudaba en señalar a aquellos críticos de cine que se vendían por un viaje o por cosas gratis, «idealmente un crítico jamás debería aceptar los viajes pagados, los hoteles de lujo, las limosinas rumbo a una premiere o los bocadilllos posteriores a la misma». Como crítico – decía Roger- todo lo que digas depende de tu credibilidad, por eso nunca hay que ponerla en venta porque siempre habrá alguien dispuesto a comprarla.roger-ebert-critico

Figura de su tiempo, Roger notó la tendencia de los medios a disminuir espacios para los críticos de cine y reemplazarlos por secciones de espectáculos amarillistas. «El crítico de cine es como el canario en una mina de carbón: cuando muere, todos deben de salir corriendo». Ese desdén hacia la cultura bajo el pretexto del alza de costos fue duramente señalado por Roger quien, en principio, veía en internet a un enemigo.

«Una película no es sobre lo que trata sino como lo trata» Roger Ebert

Al final -y no muchos críticos de la vieja guardia han podido hoy día dar ese salto- Roger Ebert supo ser inteligente y volver al internet un aliado y no un enemigo. Su sitio de internet, rogerbert.com, así como su blog en el Chicago Sun-Times, se convirtieron en piezas nodales de su estrategia de medios que incluye la organización de su propio festival de cine y la creación de una red de «corresponsales» con los que comparte críticas de cine provenientes de todo el orbe.

Internet y las nuevas tecnologías se convirtieron al final en la única voz del crítico cuando, en una batalla que le llevó casi diez años, pierde la quijada y con ello  la capacidad del habla, debido a un cáncer en la tiroides. Twitter, su página y su blog se convirtieron en su mejor forma de seguir haciendo lo que más le apasionaba: hablar sobre las películas que odiaba y amaba.

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Amar el cine, según Roger Ebert

¿Que significa amar el cine? Roger lo explicaba con detenimiento:

«No significa sentarse felizmente frente a la pantalla sin pensar. Significa, en primera instancia, que valdrá la pena el tiempo invertido. Que ver tres películas en un día rutinario de trabajo o treinta películas en una semana de festival, es un buen trabajo. El humor con el que entres a la sala de cine no es importante, ya que la tarea de toda película es cambiarte el humor y la forma de pensar. No es importante ‘pasar un buen rato’ sino que ese tiempo invertido no se tire a la basura. Se trata de cautivarse con la belleza o la verdad proyectada en pantalla. De abrirse más que al mensaje de una cinta (si lo tiene), a su calidad artística y artesanal, aún y cuando no se esté de acuerdo con el discurso de la misma. Una película no es buena porque llegue a conclusiones que compartes, o mala por lo contrario. Una película no es sobre lo que trata sino como lo trata, sobre como considera que su tema importa y sobre como su verdadero tema puede ser diferente al que dice tratar. Luego entonces no importa tener géneros favoritos. Si no te gustan los musicales, los documentales, las películas extranjeras, o las blanco y negro, no se trata de un ejercicio de gusto, sino un simple indicativo de que no has evolucionado en un cinéfilo más completo.»

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El 4 de abril de 2013, a los 70 años, y apenas a dos días de anunciar una especie de retiro virtual, Roger Ebert falleció tras perder una nueva batalla contra el cáncer. Con él se va el último (tal vez el único) working class movie critic, el crítico para el hombre común, aquel que bien pudo reclamar un lugar en aquel Olimpo de los grandes eruditos de la crítica, para mejor en cambio quedarse entre nosotros, los de a pie. Como bien decía Roger: «Tu intelecto tal vez se confunda, pero tus emociones nunca te mentirán».

Gracias Roger por enseñarnos la puerta hacia un mundo más vasto del que pensábamos. Nos vemos  en el cine.