Raya y el último dragón: la fragilidad de la confianza

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Aunque desde hace unas semanas Raya y El Último Dragón llegó a Disney+ con costo adicional, desde ahora todos los suscriptores de esta plataforma pueden disfrutar de esta cinta como parte de su catálogo. La película, dirigida por Don Hall y Carlos López Estrada, cuenta la historia de Raya y su esfuerzo por combatir a los malvados Druun y su búsqueda por la reunificación de los pueblos de Kumandra. Es así que el espectador se adentra en una entretenida aventura a través de un gran trabajo de animación.

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Una historia sobre la discordia para toda la familia

“El hombre es el lobo del hombre”. Esta frase, cuya autoría constantemente se le atribuye de manera equivocada al filósofo Thomas Hobbes, describe la situación que impera en los cinco reinos de lo que antes era Kumandra en la película Raya y El Último Dragón. Sus habitantes, antes un pueblo unido, viven ahora en discordia desde que su enemigo común, los Druun, desaparecieron gracias al sacrificio realizado por los dragones. Desde entonces los reinos desconfían entre sí y, con este recelo, la paz se encuentra siempre amenazada.

Con Raya y el Último Dragón, Disney presenta una animación visualmente impecable y una historia familiar que encuentra sus caminos para ser entretenida, divertida y conmovedora. La suma de talentos entre su numeroso equipo de guionistas y la dirección en equipo de un hombre de la confianza de la compañía como Don Hall y un talento emergente como Carlos López Estrada son responsables de este acierto.

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La caída de Kumandra

Como todas las grandes civilizaciones del mundo antiguo, la ficticia Kumandra se asentó a lo largo de una serie de ríos que en conjunto y vistos desde las nubes toman la forma de un dragón. Durante mucho tiempo esta tierra unificada prosperó y convivió con los dragones, símbolos, como el agua, de vida. Pero todo eso cambió 500 antes del tiempo de Raya (Kelly Marie Tran), la protagonista de nuestra historia.

Kumandra se vio azotada por los Druun, entidades amorfas que se extendieron como plaga consumiendo la vida y convirtiendo en piedra todo aquello que tocaban. Seres humanos y dragones cayeron por igual. En un último intento de supervivencia, los últimos dragones confirieron sus poderes a la menor de ellos, Sisu (Awkwafina), a través de la creación de una gema que detuvo el avance de los Druun y restableció todo signo de vida.

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Pero la alegría duró poco en Kumandra. Con la ausencia de un enemigo común y con la tentación de poseer la gema, los humanos se volvieron unos contra otros. Kumandra se dividió en cinco reinos: Corazón, Colmillo, Columna, Garra y Cola. Raya y su padre, Benja (Daniel Dae Kim) pertenecen a un legado de protectores de la gema que se encuentra oculta. Sin embargo, Benja cree que la reunificación y la paz entre los pueblos es posible.

Aunque Benja y Raya ponen su confianza en los demás, pronto se ven traicionados. Benja invita a los cuatro reinos restantes a un banquete y Raya lleva a Naamari (Gemma Chang), hija de la líder de Colmillo a conocer la gema. Con este descubrimiento los reinos se pelean por la gema, misma que se rompe en cinco partes y con ello reaparecen los Druun. Así, Raya se hace de la responsabilidad de ir en búsqueda de Sisu, el último dragón.

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De la desconfianza a la enemistad

Raya y el Último Dragón pone al centro de una entretenida historia de aventura el tema de la confianza. Y esto lo hace en el nivel de lo personal, pero también de la vida en sociedad. Raya ve traicionada su confianza por Naamari, a quien consideró en algún momento su amiga y quien muy pronto demostró que la utilizó para llegar a la gema. Por otro lado los cinco reinos de lo que antes fue Kumandra llevan 500 años en disputa porque desconfían entre ellos y de sus intenciones si se llegaran a hacer de la poderosa gema.

Cuando se sentencia que el hombre es el lobo del hombre, más allá de toda la rica discusión filosófica, política y social al respecto, generalmente a lo que se quiere aludir es a la condición del ser humano de convertirse en su depredador natural. En ello la desconfianza, la discordia y el miedo juegan un rol importante, mismas que a la postre se transforman en enemistad, violencia y guerra. A pesar de que en Raya y el Último Dragón los reinos padecen a los Druun nuevamente como enemigos comunes, la unión entre los pueblos luce como una tarea improbable.

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Este subtexto asociado a la confianza en una historia que se nutre de personajes no occidentales en ningún momento se percibe forzada ni predicadora, sino que fluye con naturalidad a través de ella. Misma situación que sucede con la representación de los personajes femenino en quienes se sostiene la historia, cuyos arcos narrativos no se construyen a partir del empoderamiento, sino que vemos a mujeres con agencia desde un inicio y el desdoblamiento de sus personajes se concentra en otros aspectos.

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Una película sólida y con identidad

Aunque Raya y el Último Dragón es en esencia una película de aventura en la que su protagonista debe recorrer los cinco reinos en búsqueda de las piezas de la gema que le ayudarán a salvar a la humanidad de los Druun, se alimenta de elementos narrativos que le aportan identidad y solidez. Esto se debe en buena medida al trabajo colectivo en la construcción del guión. Esta película cuenta con ocho créditos de guionista que acumulan experiencia, diversidad y genio, mismos que se trasladan a la historia en pantalla.

Si de animación se trata, hablar de Disney y Pixar, juntas o por separado, es sinónimo de calidad e innovación. En el caso de Raya y el Último Dragón, Disney presenta un asombroso trabajo de animación, que si bien no da un salto adelante tecnológicamente hablando, visualmente pone todo en su lugar. La construcción de escenarios y atmósferas que aquí se logran son ejemplos no sólo de maestría técnica, sino de identidad estética. A ello hay que sumar el trabajo de dirección y de manejo de la acción que, cuando se trata de animaciones, se ignora y que en esta película es imposible pasar por alto.

Sin embargo, sucede algo extraño con el trabajo de Awkwafina, quien dio voz a Sisu, nuestro último dragón y la compañera de aventuras de Raya. Es sabido por quienes conocen no solo el trabajo, sino un poco de la vida personal de esta actriz que cuenta con una personalidad que sobresale en cualquier espacio. Su estridencia, patente incluso en el nombre con el que decide presentarse, rompe en algunos momentos con la ficción y su voz se nota que está puesta encima de su personaje, cuando deberían transitar juntos.

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Perdonar y empezar de nuevo

A lo largo del entretenido y divertido recorrido de Raya en su misión por acabar con la amenaza de los Druun, el espectador se da cuenta que esta historia sobre aprender a confiar, es también una historia sobre saber perdonar y empezar de nuevo. Bien sea desde el punto de vista de las relaciones personales o de las relaciones entre pueblos, parece que la clave está en confiar en el otro pero, ¿quién puede atreverse a tomar el primer paso con los riesgos que ello implica?

Quizás a propósito de la propuesta de Raya y el Último Dragón conviene entonces traer la otra frase que también recuperó Thomas Hobbes sobre la condición humana y sobre la que invitó a discutir. El hombre es el lobo del hombre o el hombre es Dios para el hombre. En la primera proposición podemos ver el inicio del conflicto en Kumandra a partir de la desconfianza. En la segunda podemos ver la virtud en el ser humano que en la cinta viene asociada a la capacidad de perdonar y a la voluntad de volver a empezar. ¿Tendrá Kumandra lo necesario para alcanzar la paz?


Acerca de Raúl Orozco 59 Articles
Politólogo y maestro en políticas públicas, entusiasta de los deportes y el cine. Gozo ser testigo de la capacidad creativa de quienes se dedican a contarnos historias, así como conversar y escribir sobre ello.