Nomadland, o el temor de ser olvidado

Hace tiempo tuve que viajar a la playa sola, a pesar de que sé nadar, no estaba segura de meterme al mar. Me pregunté a mí misma si en caso de ahogarme el personal del lugar se daría cuenta. Sé que les dolería mucho a mis seres queridos, pero ellos no estarían ahí a tiempo para ayudarme. Algo similar fue lo que sentí en Nomadland (2020), ¿quién te extrañará cuando estés sola?

 La reciente película de Chloé Zhao explora la vida de Fern (Frances McDormand), una mujer que, tras perder su casa se muda a una pequeña furgoneta, que ni siquiera llega a ser un camper. Este mismo destino compartido por los damnificados de la recesión económica está basado en un libro escrito por Jessia Bruder, llamado Nomadland: Surviving America in the Twenty First Century; que narra las historias verídicas que la escritora y periodista recolectó durante su investigación.

Más que una crítica al sistema

Ganadora de múltiples premios y favorita para el premio de la Academia, Nomadland nos transporta por un viaje que claramente va acompañado de una dura crítica social. Me sorprende que a algunos críticos les moleste que su historia no ataque directamente a Amazon, como si quisieran mostrar de forma explícita la sobreexplotación que existe en dicha corporación. Creo que el shock hubiera sido una salida fácil, pero Zhao opta por no irse por lo obvio y elige ir todavía más lejos al criticar al sistema y no sólo a una corporación.

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A diferencia de las típicas roadtrips donde Odiseo busca regresar a casa, en Nomadland no existe un destino final. Los nómadas hasta la fecha son tribus criticadas por una cultura sedentaria que solamente viaja con fines hedonistas. Asimismo, en la posmodernidad existen nuevos grupos autonombrados “nómadas digitales”, que incluyen a jóvenes que trabajan vía remota y viven en diferentes lugares sin ninguna atadura. El sociólogo Zygmunt Bauman a esta cultura la llama modernidad líquida, por su constante búsqueda de cambio.

 

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Pero ¿qué sucede cuando el vaivén es forzado? Nuestra sociedad aplaude el cambio siempre y cuando sea en sentido vertical, es decir, con fines de crecimiento. Sin embargo, son aquellos viejos nómadas los que viven de forma horizontal, como Fern, los que permanecen en el olvido de un sistema capitalista que ya no ve valor en una persona madura o de tercera edad.

Nómadas modernos

Los nómadas no son del pasado, hasta la fecha todavía existen los gitanos, migrantes, vagabundos, refugiados y otros grupos vulnerables; muchos de ellos históricamente afectados por las guerras, el feudalismo, las dictaduras y, por supuesto, el capitalismo. En alguna parada, Fern posa junto a la figura de un dinosaurio, que nos recuerda que antes de ella hubo otros habitantes ahí. Al igual que los pioneros, ella y la mayoría de sus amigos son ciudadanos blancos, pero como todos los nómadas luchan contra su propia extinción.

Observamos algunos de sus rituales: generan comunas con su propio sistema y reglas, realizan trueques entre ellos y todo lo que no necesitan lo tiran al suelo. A través de tomas largas y contemplativas, Zhao intenta mostrar un contraste entre la Naturaleza y el hombre. En ocasiones puede parecer que abusa de la música de piano acompañada de la fotografía para crear una atmósfera nostálgica que resalte la pérdida de un hogar; pero me parece que más bien se trata de un recurso ya demasiado visto, lo que no significa que deje de funcionar, aunque le reste originalidad.

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Soledad asumida

Lo que me resultó complicado fue lograr conectar con el personaje de Fern. Más allá de que amo el talento de Frances McDormand, ella inicia con una interpretación tímida y agradable, pero al final cae en el mismo papel de Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017) interpretando a una mujer enojada y a la defensiva. Lo anterior no resta que lo haga muy bien, pero no me termina de quedar tan claro si esta transformación fue provocada por sus múltiples mudanzas o trabajos, aunque Fern no parece estar tan sola como sus compañeros.

Muchos de los nómadas no tienen redes de apoyo o una familia acomodada que los ayude como a ella se lo ofrecen, y eso termina por hacer parecer que su situación es más una decisión propia que las circunstancias que le tocaron vivir. Incluso recibe una oferta (poco realista) de habitar en una casa sin necesidad de preocuparse de nada. Tener acceso a oportunidades que otros no poseen, aunque las rechace, es un privilegio.

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Humanizando a la clase trabajadora

Por otro lado, lo más destacable de este filme surge en dos escenas. En la primera, durante un tour, Fern se separa de su grupo para verificar si ellos notarán su ausencia. Como describí al inicio de este texto, nos da miedo que la gente no nos extrañe. Incluso en los diálogos se llega a mencionar el temor a que pasemos por la vida sin dejar un rastro, y que eso signifique que nunca existimos.

Otra escena valiosa, sucede cuando vemos a la protagonista trabajar en una planta de papas. Fue como recordar el cuadro “Las Espigadoras” (1857) de Jean Fraçois-Millet; pintura famosa y repudiada por humanizar a la clase trabajadora; además de estar relacionada con el documental del mismo título, dirigido por Agnès Varda (2000).

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Recuerdo que después de ver The Big Short de Adam McKay en 2015, me pregunté cuál sería el otro lado de la historia. A mí parecer, Nomadland propone una respuesta. No es perfecta, y algunos creen que romantiza vivir sin casa como si fuera un viaje introspectivo. Por el contrario, creo que Fern no tiene un crecimiento personal. Ella continúa fijada al pasado y su carácter se vuelve cada vez más amargo. Algunos dirán que es porque ya se acostumbró a vivir como nómada y que lo hace por gusto, pero me parece que más bien Fern tiene miedo de volver a depender de alguien, de ahí que al final se deshaga de todo lo que guarda en su bodega.  

Marvel, ¿eres tu?

Por último, no es tan extraño sospechar que Nomadland tenga por detrás una campaña de apoyo para ganar el Oscar con el objetivo de que Marvel pueda presumir en su siguiente tráiler (The Eternals) el nombre de una directora «ganadora del Óscar». Aunque las manos de críticos, productores y audiencia quieran decidir el rumbo de este filme, Chloé Zhao es la única encargada de hacerlo. Ni siquiera los nómadas tienen opción a elegir sobre sus propias vidas. 

Al final, creo que este filme no deja de aportar un tributo a todas aquellas personas que temen ser olvidadas.