Watchmen y el hartazgo por el cine basado en cómics

Watchmen

Inicié 2019 con la convicción de que el cine basado en cómics de superhéroes había dado todo de sí. Nunca fui una fanática, de esas que compran el boleto a media noche y llegan a la premier luciendo un espectacular cosplay, pero si fui siempre una consumidora disciplinada. Las vi todas, pero poco a poco fui perdiendo el entusiasmo, de modo que recibí el año con la certeza de que nada podía esperar de una historia basada en personajes con súper poderes. Entonces, casi por accidente, un día de enero vi Spider-man into de Spider-verse. ¡Pum! La belleza de cada imagen, la apuesta a algo completamente nuevo, el estupendo guion, no sólo me sorprendió y me entusiasmó, sino puso en duda mi creencia de que todo estaba visto.

Luego vino Endgame. Tiene muchos errores y huecos argumentales, deciden olvidarse de los más elementales principios científicos para contar una historia emocionante. El resultado es el cierre de una epopeya de diez años, de un experimento cinematográfico que logró convertirse, no en una franquicia, sino en una nueva industria dentro de la industria. Replanteó, con poco cinema y mucha taquilla, cómo un parque de diversiones puede tener un impacto cultural que aún es pronto para medir, pero que muy probablemente influirá en la idea que tienen del cine la generación de futuros directores, productores y guionistas que crecieron amando el Marvel Cinematic Universe. Ese tamaño y esa duda, pusieron de nuevo en entredicho mi idea de arranque de año.

Cuando se estrenó Joker y pude verla, reconocí que estaba equivocada. Cuando ya DC estaba aplastada por el gigante del MCU, humillado en su intento de universo a partir de una floja liga de la justicia (con minúsculas), decide (o se arriesga) a rescatar la honra de la editorial dueña de Superman, contándonos la historia de un villano. Podrá ser el más relevante villano de Batman, pero en esta ocasión lo representa un hombre débil, con miedos, enfermo, patético, llevado al límite por su entorno y su demencia. Todo sobre los hombros de uno de los mejores actores de su generación (y de muchas otras). El explícito homenaje a Scorsese en esta película, me dejaron claro que en los comics todavía había tela de dónde cortar.

ENTONCES LLEGÓ WATCHMEN.

¿Quién puede tomar una obra maestra y continuarla? ¿Alguien se atrevería a escribir una segunda parte a Cien años de Soledad? ¿El Señor de los Anillos? ¿Los Miserables? No me refiero a reinterpretaciones, sino a tomar la obra donde la terminó su autor original y darle continuidad. No me refiero tampoco a fan fiction, sino a obras con todos los derechos de autor adquiridos y muchos millones para que vean la luz.

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Lo intentó hacer HBO con Game of Thrones, sin la máquina de escribir de George R. R. Martin y el resultado fue desigual (por no decir desastroso). ¿Qué pasó entonces con la obra maestra de Alan Moore?

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UNA SERIE SOBRESALIENTE

Watchmen es una serie sobresaliente. En un año con series excepcionales, esta reinvención televisiva encabezada por Damon Lindelof, se pone al tú por tú con trabajos como Chernobyl (HBO, 2019) o The Morning Show ( AppleTV+, 2019) y muy por encima del multitudinario fenómeno del final de Game of Thrones (HBO, 2019).

Son nueve capítulos diseñados con absoluta paciencia. Watchmen funciona como la maquinaria de un reloj, donde cada pieza es colocada, para que más adelante se coloque otra y, al final todo embone y la maquinaria funcione perfectamente.

Lentamente en los primeros episodios nos va presentando a los personajes sembrando más dudas que respuestas, muy al estilo de Lindelof, en un magistral manejo en los saltos en el tiempo, la presentación de los personajes (haciendo a varios de ellos el centro de sus respectivos capítulos) y el cambio de estilo fílmico y de estética entre un capítulo y otro para transmitir algo, sin perder el hilo visual y el estilo narrativo común en toda la serie.

El asunto es que fue abriendo tantas puertas en los primeros ocho capítulos que parecía imposible poder cerrarlas todas en el noveno. Sin embargo, todo cuadra al final y, con cada pieza en su lugar, el reloj funciona perfectamente.

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NO SE PUEDE HACER UN OMELETE SIN ROMPER ALGUNOS HUEVOS

Sobresale el amor y el respeto que presenta la serie al trabajo original de Moore, teniendo un estricto cuidado de que lo que sucede en cada episodio, es consecuencia o, al menos, no contradice los hechos narrados en el comic. Por el contrario, está plagado de easter eggs y de guiños a la historia original, narrada en papel, sin recurrir a la película de Snyder (Watchmen, 2009). ¿A algún lector del cómic hace diez años no le habría gustado ver el calamar gigante arrasando con Nueva York?

Al final, el respeto por el estilo de Moore y el conocimiento y amor a los personajes originales resulta en una serie destacable que, si leíste el comic original, disfrutarás más, pero que si no lo has hecho, entenderás y disfrutarás esta entrega (si te gustan las historias de superhéroes). A pesar de todo, al final la historia se sostiene por sí misma.

No voy a dar más detalles por temor a deslizar un spoiler que pudiera arruinar tu experiencia, si no las has visto, aunque a decir verdad, sutilmente oculto, pero el más grande spoiler, nos lo regaló Lindelof desde el cartel promocional. El final, al estilo inception, deja abierta la posibilidad, de dejarlo como el cierre de una historia perfecta o dar pie a una segunda temporada que, sin duda, tendría mucho que ofrecer.

Comencé 2019 con la convicción de que el cine basado en cómics de superhéroes había dado todo de sí. Gracias a Watchmen comenzaré 2020 con la certeza de que todo puede tomar un nuevo respiro, basta que los recursos, se junten con amor, libertad y creatividad.