Mi padre y Tony Soprano

El arte nos ayuda a mantenernos cerca de los que ya no están. En este personalísimo texto, Jimena Lipman nos habla de la serie favorita de su papá: Los Soprano.

La noche del 10 de junio de 2007, 11.9 millones de espectadores fueron testigos del final de una de las mejores series de la historia, Los Soprano. Dentro de esos 11.9 millones, estaba mi amado padre. 

Él, como tantos otros, había seguido religiosamente la serie durante sus maravillosas 6 temporadas. Su amor por Tony Soprano era más que evidente, incluso para mí, que claramente no tenía permitido ver la serie. A pesar de eso, recuerdo que Los Soprano siempre estuvo presente durante gran parte de mi infancia. 

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No apto para niños

En algún cumpleaños, le regalé a mi papá el juego para Playstation, que tristemente no me dejó verlo jugar como con los de Blade o Tarzán. “Este no lo vas a poder ver, mi niña”, me dijo cuando empezó la primera golpiza. 

Y hablando de contenido adulto, también recuerdo la famosa anécdota de cuando uno de mis primos se quedó a dormir a mi casa y pasó por la sala justo cuando había una escena bastante explícita en el Bada Bing. Mi papá nada más alcanzó a exclamar: “¡Ay, mijo!”, antes de que alguien (seguramente mi mamá) lo quitara de ahí. 

En el único viaje que hice a Nueva York con mi papá, insistió en dedicar todo un día a una visita a Little Italy, para poder comprarse una playera de la serie que siempre usó con mucho orgullo después de aquel viaje. 

Así que aquel final estaba lleno de significado para mi papá. Curiosamente, a su lado, estaba yo a mis 12 años, a esas horas de la madrugada. Todavía no logro explicarme por qué no me corrió de ahí como a mi primo, tal vez porque llegué justo para ver el mero final de la serie y no esperaba que sucediera nada particularmente violento o subido de tono. O tal vez estaba tan emocionado que ya ni tiempo le dio de decirme que me fuera. 

Recuerdo esa escena en el que Tony voltea hacia la puerta y luego la pantalla se funde a negro. Pero lo que más tengo grabado en la memoria es la reacción de mi papá. Nada más alcanzó a exclamar: “Nooo…¿cómo? ¿En serio?”, y, como muchos, se levantó a ver si algo le había pasado a la tele. 

Luego empezaron los créditos y nada más se sentó. Supongo que ahí mi mamá me mandó a dormir porque ya no recuerdo nada más. 

 

Entendiendo a Los Soprano

Hoy, 14 años después, por fin pude comprender la reacción de mi papá. Después de 4 meses y con una edad mucho más apropiada, terminé de ver Los Soprano. 

La idea de un mafioso con problemas de ansiedad que va a terapia es ya de por sí muy interesante, pero la serie va mucho más allá. 

Durante 6 temporadas, la serie va construyendo una historia tan poderosa como frustrante y dolorosa, además de increíblemente violenta (y aún así, está tan bien escrita que en ningún momento la violencia distrae, al contrario, aporta). 

La serie se mete con la mente humana, tal y como vemos en secuencias de sueños que duran casi un capítulo entero. 

Al acabarla, sentí un inmenso vacío pero también un aplastante amor. Lo que empaña mi amor por esta serie es que, esta vez, ya no pude compartir la reacción que tuvo él hace 14 años, porque mi amado papá falleció hace 12 meses. 

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Mi papá y los Soprano

La curiosidad por ver la serie vino de lo mucho que la amaba mi papá, claro está. Incluso vimos algunos capítulos juntos, hace unos años. Pero yo me quería casi que esconder debajo del sillón cuando salían las escenas explícitas, y sentía que se me reventaba el oído con algunos diálogos y chistes subidos de tono. 

Aunque mi papá siempre fue muy cool y nunca hizo gran cosa, solo se limitaba a ver la pantalla en una actitud muy zen. Para mí, sin embargo, fue demasiado y nunca la pudimos terminar. 

No me arrepiento de esto, porque siento que poder ver la serie meses después de su muerte, además de compartir la experiencia con mi amada madre, me dio la oportunidad de reconocerlo y conocerlo también. Como mencioné antes, él siempre amó a Tony, pues un gran acierto de la serie es demostrar que una persona mala puede ser adorable, y que te puede importar su familia y lo que le pase. 

Él siempre adoró las expresiones bobaliconas de Tony, su gran amor por los animales, reía con sus chistes y le dolían sus penas. Ahora puedo ver que desde niña, incluso sin tener contexto de la serie, siempre relacioné a Tony con mi papá. Para mí, el mafioso solo era un señor grandote y buena onda que tenía una hija y un trabajo muy difícil. 

Ahora, no quiero decir que mi papá haya sido mafioso ni mucho menos. Fue un hombre de familia, y siempre reflejó las mejores cualidades de Tony. Amaba como él la comida, también dormía hasta tarde los domingos, y desayunaba despeinado un cereal o el pan que le tostaba mi mamá (ella, por suerte, no se parece a Carmela en nada). 

Fue el proveedor de la familia (la de sangre, insisto, no había una familia criminal por ahí), se sentaba frente a la tele con algún postre, era un hombre con un gran encanto, chistoso y respetado. Amado por todos (y asumo que temido por otros, también). Y al ver a Tony en la pantalla, sentía que mi papá estaba ahí en la tele, y el asiento vacío en mi sala me dolía un poco menos. 

 

Conociendo a mi padre

Además de ver reconocer mucho de mi papá en Tony, ver Los Soprano ya de adulta me permitió conocer aspectos de su vida de los que nunca me enteré, porque no me correspondía aún. 

Mi padre era una figura pública en el estado en el que vivimos, e imagino que muchas veces le costó balancear eso con ser simplemente un buen papá. 

También tuvo trabajos complicados que incluso lo ponían en riesgo. Como declaró el guionista Terence Winter (Boardwalk Empire): “cuando eres Tony Soprano, incluso ir por un helado con tu familia te mantiene en tensión constante, porque estás siempre mirando sobre tu hombro”. Me pregunto si así se sentía mi papá, llevándome por helado o al cine, saludando a una persona cada 3 pasos, pero siempre pendiente de los alrededores o cualquier cosa extraña. 

Cuánta tensión debe haber sentido, y aún así encontraba momentos para hacer chistes o rodear mis hombros con su brazo grandote, como lo hacía Tony con Meadow. 

Entendí también que mi propia mamá debió pasar mucha angustia, como Carmela, y que su peor pesadilla siempre fue lo que sucede hacia el final de la serie, cuando Tony y su familia deben esconderse por un rato. Por suerte, nunca tuvimos que recurrir a eso, pero no dudo que al ver la serie, mis padres se vieron reflejados en su tiempo. 

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Mi padre y yo, él con su playera de Los Soprano

Los últimos días

Finalmente, la cosa más inesperada que me permitió la serie fue imaginar a mi papá en sus últimos días. 

La última vez que lo vi sano fue cuando me dio unas medicinas para la piel, porque resulta que soy alérgica al camarón y me habían salido unas ronchas horribles. Así es como lo recuerdo, siempre pendiente de mí y de lo que necesitaba. 

Por eso fue muy desconcertante para mí no poder ayudarlo cuando enfermó, no poder verlo, no poder hacer algo para evitar que sufriera. Las últimas semanas de su vida me la pasé imaginando cómo estaría en el hospital, si se sentía solo, si las enfermeras lo cuidaban bien. 

Los primeros capítulos de la temporada 6 de Los Soprano se enfocan en Tony en el hospital, al borde de la muerte, soñando con una especie de limbo y al final escogiendo regresar a la vida. Verlo así, me permitió de alguna manera imaginar cómo se veía mi papá en el hospital. Y aunque fue muy duro, me trajo cierto alivio que Carmela, Meadow y hasta el inútil de AJ estuvieron con él. También sus amigos cercanos, su hermana, su familia. 

Sentí que así hubiéramos estado todos con mi papá, si nos lo hubieran permitido. Así estábamos, en realidad, solo que a la distancia. Vi cómo las enfermeras trataban bien a Tony y le daban baños de esponja, cómo Carmela hablaba con él y cómo, cuando estuvo a punto de irse al más allá, regresó al oír las voces de su esposa y su hija. 

Claro que mi papá no pudo hacer eso, y es cierto que cuando Tony volvió a la vida, lejos de aliviarme, me dio mucha envidia. ¿Mi papá habrá soñado también con una especie de limbo? ¿Quiénes estaban en esa historia? ¿Y por qué no regresó conmigo? ¿Por qué no eligió quedarse como Tony? 

Después entendí que simplemente su camino por la vida había terminado, había cumplido su misión. Por suerte, no tenía que volver para cuidar un imperio criminal, ni nada. Supongo que siempre supo que mi mamá y yo estaríamos bien. Y esos capítulos de la temporada 6 me aliviaron bastante, pues aunque nunca sabré bien a bien cómo fueron sus últimos días, imaginarlo como su héroe, cuidado y querido en el hospital, me dio la oportunidad de sanar. 

 

Continúa…