De Regreso a Hogwarts: En escoba hacia el horizonte ñoño

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Qué cosa el tiempo. Toda época tiene a sus niños, a sus adolescentes, a los viejos de cada día. Alguna vez, hace más de 20 años, yo fui una adolescente que, deprimida, se compró un libro ligero en el aeropuerto de Chicago. Para cuando aterrizamos en la Ciudad de México, yo ya tenía el escudo de Hogwarts tatuado en la frente. Todo tiempo tiene a sus obsesos: en aquellas postrimerías del siglo XX, los obsesos con Harry Potter fuimos legión. En escoba hacia el horizonte nos vimos viajar en nuestras fantasías.

Las películas

Y por supuesto, llegó el cine. Hacer la adaptación de las novelas de JK Rowling sobre el mundo mágico de Harry Potter era el paso lógico: tanta fanaticada niña y adolescente prometía hacer a sus papás gastar sin parangón en cualquier cosa que ilustrara la pasión en turno. Eso fueron las películas de Harry Potter, meras ilustraciones de lo que se leía en los libros. ¿Buenas películas? Con buenos momentos en cada una de las ¡ocho! entregas, ninguna es de verdad una obra de buena manufactura. Ilustraciones que se mueven, como las fotografías hechizadas del universo creado por la Rowling.

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Pero henos aquí, 20 años después pegados a la pantalla de HBO Max para ver el homenaje a la saga fílmica que formó a una generación de cinéfilos que ha conformado a una masa crítica que hoy consume la basura fílmica que es el cine épico, sea de superhéroes, novelas juveniles o cualquier nueva religión pagana que genera muchos miles de dolaritos para los creadores. Fanáticos entre los que me incluyo, fans del rush, el parque temático, el cine acomodaticio.

Harry Potter 20 aniversario: De Regreso a Hogwarts

De Regreso a Hogwarts, el homenaje que hace HBO al mundo de Harry Potter, no decepciona. Es un recorrido lleno de sentimentalismo por la historia de la filmación de las cintas. Les digo que no decepciona porque es muy entretenido, muy lindo, lleno de recuerdos para que todos los que crecimos con esa épica fácil sintamos un alguito en el corazón.

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El rollo sigue el camino documental. Daniel Radcliffe (el inexpresivo Harry Potter de la pantalla), Emma Watson (la Hermione con la que muchos fantaseaban) y Rupert Grint (Ron, el que hace caras) se reencuentran en el set donde se conocieron y nos invitan a ese clavado nostálgico que derrama azúcar sobre miel.

Pseudo documental

El mejor acierto del pseudo documental—porque eso es—es el de reunir a toda la familia potteresca: directores, escritores, actores. El derroche no escatima. En el mismo espacio podemos tener a Helena Boham-Carter, Alfonso Cuarón, David Yates, Robbie Coltrane y la mismísima JK, tan atacada a últimas fechas y que normalmente ha sido una mujer reservada, pero que decidió aparecer aquí como una especie de acto de relaciones públicas. 

Será: la verdad es que las entrevistas están muy bien, iluminan sobre el proceso de hacer la misma película, con algunos cambiecitos de tono, puesto que actores y público maduraron juntos, y una trama que cambiaba poco y que nos llevaba al punto al que ya sabíamos que llegaría.

De Regreso a Hogwarts

Película a película

Un gran detalle es que la estructura siga el orden de las cintas: primero cómo fue conseguir al actor que haría al niño mago, después cómo poner a actuar a los jovencísimos actores, juntarlos con actores de verdad (una de las cláusulas de contrato que Rowling puso a Warner para ceder los derechos es que todos los actores tenían que ser británicos, lo que hizo convivir a los niños actores con histriones legendarios de las tablas del West End, el Broadway londinense), y hacer que furule el hechizo de llevar a millones de consumidores al cine casi cada año durante una década.

Libros, capas, juguetes, funciones de medianoche, todo lo que un buen geek requiere para enamorarse de una historia, todo estaba a nuestra disposición. Muy felices íbamos a gastar. Eso no lo dice el homenaje porque sonaría feo. Honestidad no hay. Hay melcocha y entretenimiento.

¿Vale la pena?

¿Recomiendo ver De regreso a Hogwarts? Es una buena ocasión para juntar a papás millennials con sus hijos pequeños, y para que semejantes labregones con capa comprada en alguna tienda de cómics se sientan otra vez de 10 años. 

No es, en modo alguno, una pieza necesaria para quien quiera entender un fenómeno pop como Harry Potter. No hay muchas ideas interesantes. Quien busque eso le está ladrando al árbol equivocado. Esta reseñista hubiera preferido algunos momentos más con Alfonso Cuarón, el único de los participantes que no parece estarle haciendo la balona al público, alguien que mantiene la mirada clara de un outsider (seguro por eso sale tan poquito en pantalla).

De regreso a Hogwarts es un espejo que refleja deseos ñoños. Que Emma se vea guapa, que Daniel sea encantador, que JK nos narre sus reacciones—siempre positivas, que aquí no hay espacio para la crítica—de ver su universo literario atajado tan bien en pantalla y que tanto dinero le llevó a las arcas. Y nada más. No hay magia que supere eso.