Ciudadano Kane: la polémica sobre quién escribió la película

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En 1962, una encuesta de la prestigiada revista Sight & Sound sobre cuál era la mejor película de todos los tiempos situó a Ciudadano Kane (Welles, 1941) en primer lugar, por encima de obras maestras indiscutibles como Acorazado Potemkin (Eisenstein, 1925) o Ladrón de Bicicletas (De Sica, 1948). El propio Jean-Luc Godard declaró en 1963: “Todos nosotros siempre estaremos en deuda con Welles”.

No está puesto a discusión la relevancia e influencia de la obra maestra de Orson Welles, y aunque algunos críticos podrían argumentar el clásico “no es su mejor película”, Ciudadano Kane sigue siendo un monolito del cine, incluso hoy en día donde la versión más reciente de la una encuesta de la prestigiada revista la pone en segundo lugar, solo detrás de Vertigo, de Alfred Hitchcock.

Es imposible que un filme de tal relevancia estuviera exento de polémica, y en el caso de Kane la gran incógnita es: ¿quién realmente escribió Ciudadano Kane?

 

Mankiewicz, mejor conocido como Mank

En los créditos del filme queda muy claro: el guion es producto de la co-autoría entre Orson Welles y Herman J. Mankiewicz. Pero existe toda una versión que indica que el único que realmente escribió el texto fue Mankiewicz mientras que Orson Welles no sólo no hizo nada sino que además intentó quedarse con todo el crédito.

En Mank (2020), la nueva película de David Fincher (con un guion escrito por su propio padre), se aborda parte de esta historia, pero, ¿realmente Orson Welles quiso arrebatarle el crédito a Mankiewicz?, ¿es cierto que Orson sólo estuvo en contacto con su guionista por teléfono?, ¿quién escribió Ciudadano Kane?

Esta es la historia sobre esta controversia, una historia que involucra a una de las críticas de cine más famosas, a un influyente director de la época, y a otros críticos e historiadores.

Aquí les contamos toda esta historia, misma que deberían conocer antes de ver Mank.

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Pauline contra Welles

En febrero de 1971, la crítica de cine Pauline Kael publicó un ensayo de 50,000 palabras (básicamente un libro en sí mismo) titulado Raising Kane, que apareció en la revista The New Yorker para luego convertirse en el prefacio de un volumen titulado The Citizen Kane Book, libro donde se editaba por primera vez el guion de la película.

En aquel ensayo, Kael aseguraba que Orson Welles se había adjudicado la co-autoría del guion de Citizen Kane cuando en realidad habría sido escrito en su totalidad por Herman J. Mankiewicz, periodista luego convertido en prolífico escritor de cine al que “el ego” de Welles le habría pasado encima.

Para Kael no hay duda, Mankiewicz era una víctima, un genio incomprendido que a pesar de ser malhablado, borracho y jugador, se trataba del autor de una obra maestra de la cinematografía mundial.

Kael da santo y seña de los hechos (muchos de ellos retomados en la película de Fincher), entre ellos: que Orson Welles jamás se presentó en la casa de Victorville, California (donde pasó Mankiewicz pasó todo ese tiempo), que a lo mucho hacía algunas llamadas telefónicas y que el director nunca escribió una sola letra del guión.

Muchos de estos dichos son palabra de la asistente de Mankiewicz, Rita Alexander, quien no solo tomaba los dictados de su jefe sino que además lo cuidadaba en su convalecencia (estaba postrado en cama por una fractura en la pierna a causa de un accidente automovilístico).

En resumen: Welles, cual villano de película, no había escrito una sola palabra del guión pero impuso su co-autoría. Kael incluso lo llama “the greatest loser in Hollywood history”.

 

El Motín de Kane

Al año siguiente de la publicación del texto de Kael, el crítico y director de cine Peter Bogdanovich escribió en la revista Esquire, otra versión de los hechos: la de su amigo y casi tutor, Orson Welles.

Resulta que Bogdanovich sostuvo una larga entrevista con Orson Welles en 1969 (un año antes de que Pauline Kael publicara su texto) y por supuesto hablaron sobre Citizen Kane. A pregunta expresa, Welles le contó a Bogdanovich que trabajó con Mankiewicz al inicio del primer draft, después el escritor se fue a la casa de Victorville mientras que él por su parte siguió trabajando en su propia versión del texto en su casa de Hollywood.

Welles acepta, eso sí, que no tenían mucha comunicación con Mankiewicz, y que al final del proceso el director simplemente eligió las partes que le gustaban de ambos guiones para formar una tercera versión.

En su texto de Esquire –titulado The Kane Mutiny- Bogdanovich menciona una entrevista con Katherine Trosper, la secretaria de Orson Welles. Ella se sorprende por los dichos de Rita Alexander: “¿Que el Sr Welles no escribió nada? Entonces ¿qué era todo eso que yo redactaba para el señor? Orson siempre estaba redactando, cambiando y dictando textos.”

 

Los guiones perdidos de Ciudadano Kane

El ensayo de Kael termina de tambalearse en 1978, cuando en el Critical Inquiry aparece publicado un texto escrito por Robert Carringer, autor que había realizado una exhaustiva investigación en los archivos de la ahora desaparecida RKO (el estudio que filmó Ciudadano Kane).

En esa investigación (titulada llanamente The Scripts of Citizen Kane) Carringer descubrió dos drafts que, efectivamente, fueron escritos exclusivamente por Herman J. Mankiewicz entre marzo y mayo de 1940. Pero en su ensayo, Carringer explica que encontró en los archivos cinco versiones más del guion, que son las que presumiblemente editó Orson Welles.

Carringer explica que, según los propios archivos de la RKO, Mankiewicz estuvo cinco semanas ausente del proyecto Kane para hacer un encargo de la MGM: el guion de la cinta Camrade X, película donde, por cierto, no le dan crédito como escritor. Las otras versiones del libreto corresponden a las fechas en las que Mankiewicz estuvo escribiendo la otra película, por lo que no hay duda que Welles tuvo que ser al autor de dichas versiones.

Además, Carringer muestra que mientras la primera versión del texto tenía muchos diálogos, en las últimas Welles los eliminó para resolver las escenas con imágenes (como por ejemplo, la escena del desayuno).

 

La pelea por la teoría de autor

Es claro que las intenciones de Kael iban en una sola ruta: desacreditar la teoría del autor, aquella a la que tanto atacó durante toda su carrera. En pocas palabras, aquella teoría indica que en todo filme, el director es la única fuerza creativa que define absolutamente a la película, las decisiones del director permean por toda la obra, ya sea vestuario, maquillaje o música.

Kael pensaba en dirección contraria, y encontraba aberrante que el cine se viera como la dictadura de uno solo y no como lo que es: un arte colectivo en el que las decisiones de muchos influyen la película.

De ahí (tal vez) la necesidad de Kael por demostrar que Mankiewicz era la verdadera fuerza creativa tras de Ciudadano Kane y mostrarlo como víctima. En Mank, David Fincher básicamente da como verdadera la versión de Kael y sobre ella arma la totalidad de su película. Una película que, en los hechos, probablemente esté narrando una historia que no es verdadera.