Madame Curie: más que una simple biopic

Marjane Satrapi regresa con una biopic sobre Marie Curie que aunque parece convencional, termina siendo una crítica al puritanismo actual.

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El quinto largometraje de Marjane Satrapi (la recuerdan por su mejor cinta al momento, Persépolis)  Radioactive (Reino Unido, Hungría, 2019, rebautizada para su estreno en Netflix como Madame Curie) inicia como el clásico recuento de vida, logros y hazañas del personaje principal, en este caso, la científica Marya Skolodowska, mejor conocida por su nombre de casada: Marie Curie.

Pero rápidamente el filme revela sus verdaderas intenciones: mostrar el retrato de una mujer que venció toda clase de obstáculos para sobrevivir en el mundo académico y científico, tan plagado de misoginia a inicios del siglo XX.

Una mujer ingobernable

Negada a seguir los estándares de su tiempo, Marie Curie era una mujer que no se quedaba callada, desafiante, complicada en las convenciones sociales, y que no estaba en sus planes ser la mujer de nadie, ni siquiera de aquel científico que le tiende la mano para colaborar juntos: el apuesto Pierre Curie (Sam Riley).

Así, Madame Curie se vuelve un estudio de personaje sobre una mujer absolutamente ingobernable en una época donde las mujeres deberían quedarse calladas y en su casa. La relación de pares que Marie promueve dentro de su matrimonio no funciona al exterior cuando, luego de sus extraordinarios descubrimientos (dos nuevos elementos de la tabla periódica y el concepto de la radioactividad), el premio Nobel se lo otorgan a él y no a ella.

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Con un fondo musical recurrente, que parece emular al clásico de Kraftwerk, Radioactivity, Satrapi no puede evitar insertar secuencias animadas en la cinta. Esto no sólo responde a su pasado con Persépolis sino que la película está basada en una novela gráfica del mismo nombre (Radioactive), por lo que estas escenas oníricas hacen sentido en la narrativa que busca explorar lo incontrolable del átomo así como lo incontrolable de la científica que descubrió sus propiedades más letales.

La furia, la fuerza, la impasividad de esta mujer ejemplar es perfectamente interpretada por Rosamund Pike, gran acierto de la directora al encontrar a la actriz perfecta para interpretar este papel marcado por la tragedia: aquellos descubrimientos que la inscribieron en la inmortalidad eran justamente lo que la estaba matando.

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Separar a la mujer de su obra

Pero si narrar la historia de una mujer indomable en un mundo machista no es suficiente provocación, Satrapi y su guionista narran el episodio posterior a la muerte de Pierre, donde la ahora viuda sostiene una relación con otro hombre. Los tabloides de la época satanizaron los hechos, creando una reacción de linchamiento público hacia la científica que años antes era objeto de admiración.

«¿Por qué nadie puede separar a la mujer de la obra?» se lamenta una Curie víctima de en una doble moral que, evidentemente, tiene ecos en este 2019.

Como cereza del pastel, quedan las secuencias donde, en elipsis inesperadas, la cinta hace recuento de las consecuencias del trabajo de los Curie, desde las aplicaciones médicas hasta las terribles bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Madame Curie es mucho más que una biopic, es un relato feminista, un comentario a la sociedad puritana del 2019 y un recordatorio sobre el poder incontrolable del átomo.