Oxígeno: recordar para sobrevivir

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Despertar sin saber quién eres debe ser tan angustiante como para perder cualquier atisbo de razón. En Oxígeno (Oxygen), Elizabeth Hansen (Mèlanie Laurent, Shoshanna en Bastardos sin gloria) no recuerda ni su nombre al despertar en una cápsula criogénica de la que tampoco tiene memoria sobre por qué está ahí. Pronto descubre que puede abandonar la cápsula y a partir de ahí inicia una carrera contra el tiempo ya que sus reservas de oxígeno están por agotarse.

Elizabeth se encuentra en un espacio confinado que no sólo limita sus movimientos físicos, sino que juega en contra de su intento de recuperar la memoria y luchar por sobrevivir. Los únicos insumos con los que cuenta para tal propósito son un puñado de recuerdos fugaces e inconexos, así como la presencia de MILO (Mathieu Amalric), la voz de la computadora de la cápsula criogénica. Así, Elizabeth entiende que la clave para salir con vida tendrá que pasar por recordar quién es ella.

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El espacio confinado: un reto

Por sus características, el guión de Oxígeno, de la autoría de Christie LeBlanc, demandaba de un trabajo de dirección y actoral que pudieran sostener la atención del espectador en una historia que sucede en un espacio confinado y con un solo rostro en pantalla. En este sentido, tanto los trabajos de Alexandre Aja y Mélanie Laurent cumplieron con las exigencias del reto.

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Alexandre Aja tuvo la habilidad para materializar un guión en el que la ausencia de espacio no significa carencia de acción y además supo administrar adecuadamente el suspenso. Con este trabajo el cineasta francés explotó su creatividad a partir de los límites impuestos por la propia historia, lo cual resulta siempre un ejercicio interesante de observar.

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Sin embargo, una película de estas características requiere de un exhaustivo trabajo actoral de parte de su protagonista. Mélanie Laurent también se brinda en la cinta de una manera tal que representa un rango muy amplio de emociones que provocan en el espectador una gran variedad de reacciones, al punto de convertirse en partícipes de esta angustia y desesperación.

De la mano de Aja y Laurent, la historia de LeBlanc construye sus misterios y preguntas de manera que invita a su público a pensar en sus posibles respuestas. Este reto para el espectador se mantiene incluso en el desenvolvimiento de algunos de sus nudos en los que creemos que la película ya nos dio las respuestas que buscábamos, pero que lo que en realidad sucede es que las preguntas se resignifican. Y es ahí donde la película divide opiniones.

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¿Quién soy?: una pregunta en múltiples niveles

¿Quién soy? ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué me encuentro aquí? Son las preguntas que Elizabeth Hansen se hace al despertar de lo que da la impresión que ha sido un largo sueño inducido. Conforme avanza la película, Liz, como ella misma recuerda que un ser querido la llamaba, comienza a hacer algunas conjeturas que se ponen en duda por factores externos. Al no ser una historia predecible, si la protagonista duda, todos dudamos. Ella tiene sus hipótesis y nosotros las nuestras.

La respuesta a la pregunta ¿Quién soy? tiene al menos dos capas. Cuando la protagonista y los espectadores creen haber resuelto la incógnita inicial, ésta se desdobla para adentrarse incluso en un debate más profundo y propio de la ciencia ficción acerca del ser y la vida, mismo sobre el que no conviene revelar más detalles en favor de la experiencia cinematográfica. Es entonces que desde un espacio tan pequeño como esta cámara criogénica la película comienza a hacer preguntas universales.

Oxígeno llega a Netflix como una interesante propuesta que en términos de calidad se coloca por encima de la media entre sus originales, tiene el potencial de llegar a un amplio público y de provocar conversaciones alrededor de la misma.


Acerca de Raúl Orozco 62 Articles
Politólogo y maestro en políticas públicas, entusiasta de los deportes y el cine. Gozo ser testigo de la capacidad creativa de quienes se dedican a contarnos historias, así como conversar y escribir sobre ello.