Los Amantes de Despiden con la Mirada: una charla con su director, Rigoberto Perezcano

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Foto original: Héctor Guerrero Arte: Filmsteria

Al realizador oaxaqueño Rigoberto Perezcano le han tomado sólo tres películas para demostrar que es uno de los mejores cineastas en activo en México.

Filmar no la ha sido fácil (han pasado casi diez años desde su última cinta): la pandemia (y la vida) le han pegado duro estos años, pero a pesar de las pandemias y del encierro forzado, Perezcano logró terminar su tercer cinta, Los Amantes se Despiden con la Mirada.

La película narra la historia de un par de jóvenes, que se conocen desde su infancia y que en su adolescencia se saben enamorados, pero viviendo un algún pueblo oaxaqueño, donde los usos y costumbres de los matrimonios arreglados entre niñas y adolescentes sigue siendo una realidad, un segundo pretendiente se impone entre estos dos amantes.

Se trata de una evolución en el cine de Perezcano: rodada en blanco y negro, en locaciones reales pero remotas de un estado sin nombre, con una extraordinaria cámara (a cargo de Juan Pablo Ramírez) que remite al western clásico y una banda sonora extraordinaria que no solo dicta ritmo sino que provoca una atmósfera melancólica y a veces lúgubre.

La cinta mezcla muchas inquietudes del cineasta: el dolor de la pérdida, la memoria de nuestros muertos, el amor, pero principalmente estas prácticas de comercio infantil, de matrimonios a la fuerza, de abuso a tantas niñas que, con el pretexto de los famosos “usos y costumbres”, comercian con los niños cual si fueran objetos de intercambio.

Los Amantes se Despiden con la Mirada se podrá ver en el marco del Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México, y con ese pretexto pudimos platicar largo y tendido con Rigoberto Perezcano sobre su nueva cinta.

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Empecemos por el final, dedicas tu película a tu hija y a tu mamá… suena a que ésta es tu película más personal

Fíjate que en el proceso de terminar la película (2021) ignorando la fuerza que iba a tener la pandemia, tuvimos que detener la película, regresar siete meses después. 

Obviamente nos quedamos sin un peso, sin un peso. Y en ese proceso entra mi madre a una enfermedad terminal dolorosísima. Ella fallece en el 2023, justo cuando yo estoy terminando casi la película, y en el 2019 me entero que voy a ser padre. Entonces, cuando yo estoy filmando, en plena pandemia, nace mi hija. Y fue entre doloroso y una felicidad absoluta, obviamente, por la llegada de mi nena.

Y sí, es mi película más personal porque… Independientemente de mi madre y mi hija, me da mucho miedo la situación que tienen las mujeres actualmente en México. Se mata, se asesina, se golpea, se violenta con toda la facilidad del mundo y no veo para dónde o cómo poder entrar a una comunicación, a un diálogo para decir que no podemos continuar con esto. 

La película toca dos temas importantísimos para mí, que son los matrimonios por usos y costumbres, que todavía se siguen llevando a cabo, y también la violencia, los feminicidios. Entonces sí, es mi película más personal, es una película que quise construir hace mucho, pero no sabía cómo.

Finalmente creo que encontré el hilo conductor que tiene que ver con los dos temas que acabo de mencionar, pero sobre todo que tiene que ver con estos dos, con algo que tiene que ver más allá de estos dos puntos, que es una película de fantasmas, es como un western fantasmagórico que tiene que ver ahí con el inframundo. 

 

Se nota mucho la inspiración del western en tu película

Sí, claro, la película tiene mucho de John Ford -a quien admiro muchísimo-, de Sergio Leone, Clint Eastwood… hay muchas cosas ahí. No creo que sea un western en su plenitud o en su totalidad, sin embargo, pues sí, hay muchos elementos del western. 

Quería hacer una película que pareciera que estuvo enlatada mucho tiempo en filmoteca o en cineteca y alguien, un incrédulo, la encontró y vio un documento que creo que valdría la pena. Y lo digo básicamente porque es blanco y negro, y tiene una textura muy especial.

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La fotografía de Juan Pablo Ramírez me parece excelsa, es la primera vez que él y yo trabajamos, pero sobre todo siempre quise hacer como si fuera un tiempo pasado, aunque en realidad es un tiempo muy presente. Me olvidé de celulares, me olvidé de toda tecnología inmediata, hasta cuando aparece una camioneta y ves luz eléctrica, hasta entonces te das cuenta que es el tiempo actual.

¿Cómo fue el proceso de trabajo con Juan Pablo?, pensando en que la fotografía de esta cinta es muy diferente a la de tus cintas anteriores

Fíjate que yo siempre tuve la idea de hacer dos primeras películas como Norteado (2009) y Carmín Tropical (2014) en una narrativa que pareciera que es un documental, pero para Los Amantes se Despiden con la Mirada quería algo más limpio, más elaborado, más elegante.

Juan Pablo fue el colaborador ideal porque entendió muy bien la película, en ningún momento sugirió o pensó que la película debería ser en color.

Cuando fuimos a ver las locaciones -que están filmadas en gran su totalidad aquí en Oaxaca- Juan Pablo me dijo: “definitivamente no la veo en color, es blanco y negro”. Y estuve de acuerdo.  

Él también empezó a ver muchos westerns, empezó a trabajar mucho en las películas de los 60, 70 de Europa del Este, Praga, Polonia, todos esos fotógrafos inmensos, hasta que dijo: “yo creo que la forma en cómo se tiene que ver la película es esta”.

Trabajamos tan bien que hay un plan de volver a trabajar otra vez. 

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La mayoría de las locaciones donde filmaron Los Amantes se Despiden con la Mirada son lugares que parecen alejados de toda civilización: la casa, la cueva. ¿Fue complicado rodar en estos lugares?

Me interesaba no subrayar dónde sucede la cinta. Porque estas cosas [los usos y costumbres] suceden no solamente en Oaxaca, sucede en Puebla, sucede en Veracruz, sucede en Chiapas, en todos lados. 

No quise dar un punto geográfico preciso, quería que fuera un pueblo fantasmagórico, un pueblo que está desolado, que no sabes dónde está, rodeado de montañas y con un silencio absoluto. 

La dificultad más grande fue filmar en las grutas de San Sebastián. Estábamos en plena pandemia y ya para entonces se sabía que todo había iniciado por un murciélago. Y ahí estábamos todos, con cubrebocas, lentes de soldador y arriba de nosotros miles de murciélagos.

Pero el equipo fue maravilloso, el equipo siempre estuvo dispuesto a terminar la película. E ignorábamos que estábamos completamente sanos allá en la cueva y los sets porque no había nadie quien estuviera a nuestro alrededor, había aire por todos lados, no estábamos encerrados, no estábamos en centros sociales. En fin, fue una experiencia muy fuerte, muy dura, que recordaré siempre por lo doloroso que fue terminarla. 

Con esta película definitivamente cierro esta “trilogía” oaxaqueña. Nunca me había cuestionado seguir haciendo cine, pero en esta película sí, cuando se va todo el crew de Ocotlán a Oaxaca y de Oaxaca a México por la pandemia, sí dije, ¿cómo haré yo para terminar esta película. Se acabó. O sea, yo decía, se acabó Rigoberto. vas a tener que poner tu marisquería que siempre has querido.

Un aspecto que marca una diferencia notable entre esta cinta y tus dos anteriores es el cuidado casi clínico de la música. 

Para esta cinta tuvimos una cámara de ocho músicos dirigida por Carlo Ayón, a quien le tengo un aprecio y una admiración muy grande. No había trabajado con él. Había escuchado su trabajo en una película, y desde el momento en que lo escuché dije, es él.

Le dije, ahora sí es momento de que veas la película y veas las referencias musicales que tengo. Vio el corte casi final. Quedó impresionado, captó muy bien la idea. Yo sabía que él trabajaba mucho los chelos, los órganos, las cuerdas, y el trabajo posterior a terminar la edición sí fue muy largo, muy trabajado, con muchas conversaciones, con muchos mezcales, obviamente, escuchando mucha música por todos lados.

 Y la verdad me siento muy contento, muy satisfecho. No tiene mucho que ver con lo que musicalmente se hace en México, y no tiene nada que ver con el entorno. Igual que con Carmín Tropical no quería poner música de Juchitán y de Tehuantepec, no quería poner la sandunga, no quería poner esas cosas que adoro, ni tampoco quería poner música regional que me remitiera a un espacio. Creo que estas cuerdas clásicas, estos ritmos clásicos, hacen que la película sea mucho más universal, creo yo.

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Tienes una gran habilidad para crear atmósferas. ¿Qué tan difícil fue hacerlo en esta cinta, con tan pocos elementos?

Siempre estoy trabajando en dos aspectos: el encuadre y la atmósfera. Me gusta mucho generar esas atmósferas, generar esa presión, esa sordidez que hay en algunas secuencias de la película. Me siento muy afortunado de haber contado con estas actrices y estos actores, tres de ellos nunca habían hecho nada, los demás son profesionales absolutos. 

Pero sobre todo hay algo que me sirvió en el momento en que empecé a hacer documentales: me gusta mucho que haya silencios, que me gusta mucho que sientas que son seres humanos los que te están hablando y no actores.

Siempre cuando trabajo con actrices o actores profesionales o no profesionales, me pongo a dialogar con ellos y nada más le doy ciertas pautas: siempre les pido que parpadeen, que respiren, que vean para otros lados, porque eso es algo que a mí particularmente me obsesiona mucho, ese ser humano que a través de su silencio te está diciendo algo.

 

En una de las escenas de la cinta, se menciona que cuando pierdes a alguien cualquier cosa cotidiana te lo recuerda. ¿Esa idea la traías desde antes o fue a partir de perder a tu mamá?

Yo ya perdí a mis dos padres, sé lo que significa, sé el dolor que implica, pero también sé lo que representa su ausencia. Yo no tengo ninguna religión, pero si se trata de rezar o se trata de pedir ayuda o sabiduría, le rezo a mis muertos, a mis abuelos, a mis padres, a un adorado sobrino que tuve. A ellos son a lo que les pido, les imploro ayuda o piedad. Es muy duro y sin embargo ya traía esa idea de la ausencia, ya traía esa idea de recordarlos a través del pensamiento, a través del hablarles, a través de los espacios.

Obviamente todo eso lo quería mezclar con la historia de la niña. ¿Cómo es posible que se pueda negociar la vida de una menor para que se case con un hombre mayor y a cambio de básicamente nada:  dos chivitos, una camioneta y unos cartones de cerveza. He hablado mucho sobre este tema porque no puedo juzgarlos a la ligera. Viven en un abandono, viven en una pobreza extrema, viven en una situación precaria y eso no es tan sencillo.

Pero mientras se siga fracturando la infancia de una niña voy a tener la necesidad de levantar la mano y decir no estoy de acuerdo.

 

Y a pesar de que en el poder ejecutivo está a cargo una mujer, estas prácticas siguen…

Siguen. Está penado con años de cárcel a quien venda a una niña, a quien trafique a una niña, sin embargo, estas poblaciones supongo que no tienen ni idea que es la constitución, ni tienen ni idea si los van a encerrar o no. 

Estas comunidades hablan de tradición, y es una palabra que me da miedo cuando la dicen con tanto orgullo. Tradición los bailes, la comida, el mezcal, las fiestas patronales, lo que quieras. Pero ¿es tradición vender a una niña?

La película está tratando de abrir diálogos sobre este tema. Hemos hablado con el secretario de Cultura, Flavio Sosa. Él está enterado, él vio la película en el Teatro Alcalá el año pasado y estamos comprometidos a llevar la película a las comunidades indígenas aquí en Oaxaca. 

Existe la posibilidad de llevarla a otros estados, creo que ese va a ser un circuito que me va a hacer sentirme muy orgulloso de lo que significó hacer esta película. 

Creo que la película, si llega a estas comunidades, va a ser una película que va a encontrar toda su fuerza para salir comercialmente en salas de todo el país.

 

El final es un poco abrupto, ¿por qué la decisión de dejarnos expectantes?

Siempre planee que el final fuera así, a pesar de que corté muchísimas cosas, en el proceso de estar filmando durante la pandemia. Pero para mí el correr de Damián, el personaje, es es es la indiferencia, es la injusticia. 

Con Carmín Tropical nada más vemos a estos dos personajes. Y con los Amantes se despiden con la Mirada, se queda uno con la incertidumbre, con la duda, con la molestia quizá. Pero también me gusta mucho dejar al espectador que piense lo que quiera. 

 

Mencionaste que esta cinta es la última de tu trilogía de Oaxaca, ¿qué viene para Rigoberto Perezcano?

Estoy escribiendo una película, no puedo decir mucho porque ni yo sé de qué va, pero ya sé el final. Creo que ya tengo ideas más o menos de qué significa lo que voy a hacer. 

Eso sí, no filmo en Oaxaca, se acabó. Quiero filmar en una urbe sea México, sea Guadalajara sea Buenos Aires, sea Uruguay, donde sea pero quiero filmar en una ciudad y quiero filmar algo que también me exija, algo que me genere seguir investigando, seguir leyendo, seguir viendo pelis sobre lo que quiero contar.

 

 

 

Foto de portada: Héctor Guerrero
Arte: Filmsteria