Dune: una película sin alma ni motivo

Dune sin alma ni motivo

Vi Dune de Denis Villeneuve a finales de septiembre y cuando entré a Letterboxd para marcar la película como vista y calificarla con tres estrellas y media me sorprendió su imponente recibimiento en esta red social. Por esas fechas en las que la película se había proyectado en Europa, Toronto y algunas ciudades asiáticas, más del 80% de sus espectadores la calificaron con más de cuatro estrellas, siendo las cinco estrellas el valor predominante. Eso me llevó a preguntarme, al ser alguien que no ha leído la novela de Frank Herbert y que no había visto la adaptación de 1984 de David Lynch, ¿qué película vi?

Exito o fracaso para Villenueve?

 

De Herbert a Villeneuve

Empecemos con un poco de memoria. Desde 2016 corría información sobre una nueva adaptación de Dune y a principios de 2017 se dio a conocer la noticia de que sería Denis Villeneuve el responsable de llevar nuevamente esta historia a la pantalla grande. Para entonces el director canadiense ya tenía un prestigio ganado y además había incursionado exitosamente en la ciencia ficción con Arrival (2016). Si entonces había alguna duda, el estreno más tarde en el mismo 2017 de Blade Runner 2049 lo dejó claro: Dune estaba en buenas manos.

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La propia novela de Herbert ya cargaba con una relación negativa con la pantalla grande y se le había tildado como una historia imposible de filmar. En la década de 1970 el director chileno Alejandro Jorodowsky fracasó en su intento de llevar Dune al cine. En 1984, David Lynch, quien para entonces ya había filmado Eraserhead (1977) y The Elephant Man (1980), se hizo de una mancha en su carrera con su adaptación de Dune. Si uno de los más grandes cineastas del Siglo XX fue cuestionado por la adaptación de esta novela, ¿podía triunfar Villeneuve donde Lynch había fallado?

Dune de Denis Villeneuve

 

El armado de las partes

Para esta nueva versión se optó por presentar la historia en dos entregas, de manera que lo que este año podemos ver en pantalla se trata de la parte uno. Con el propósito de escribir el guión Villeneuve se hizo acompañar por Jon Spaihts, con experiencia en la ciencia ficción como escritor de Prometheus (2012) y Passengers (2016), así como del multinominado y ganador del Oscar, Eric Roth, guionista de Forrest Gump (1994), Munich (2005), The Curious Case of Benjamin Button (2008) y A Star is Born (2018). Un equipo bien armado para el reto por venir.

Por otra parte, el elenco de la película se integró con un par de figuras en ascenso meteórico como Timothée Chalamet y Zendaya; personajes populares como Jason Momoa y Dave Bautista; así como actores de la talla de Oscar Isaac, Rebecca Fergusson, Stellan Skarsgard, Javier Bardem y Josh Brolin. Con este talentoso y multicultural elenco se decidió que Dune se presentaría nuevamente al mundo cinematográfico.

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En lo que respecta a la música, Villeneuve se decidió por una apuesta segura: Hans Zimmer. No solo estamos hablando de los más grandes y prolíficos compositores en el mundo del cine, sino de alguien que ya había trabajado con Villeneuve en Blade Runner 2049. Mientras que para la cinematografía el director se decidió por Greg Fraser, cuyo trabajo más reconocido lo hizo al lado de Kathryn Bigelow en Zero Dark Thirty (2012) y que tiene experiencia con la ciencia ficción pues fue responsable de la fotografía de Rogue One (2016) y de tres episodios de la primera temporada de The Mandalorian.

El impresionante cast de Dune

Una compleja historia

Dune nos lleva al futuro lejano, específicamente al año 10,191, en el que los humanos se encuentran esparcidos en distintos planetas y en el que existe la melange, conocida como la especia, la cual es de gran valor pues alarga la vida, extiende los niveles de conciencia y sirve además como combustible para realizar viajes a la velocidad de la luz. El problema reside en que es un producto codiciado y escaso que solamente se encuentra en el planeta desértico Arrakis, también conocido como Dune.

La historia se desarrolla en torno a Paul Atreides (T. Chalamet), hijo del Duque Leto Artreides (O. Isaac) y Jessica Atreides (R. Ferguson). Paul es el heredero de la Casa Atreides y en este contexto planetario de corte imperial corresponde a su familia el señorío de planetas. Paul, aunque joven, recibe entrenamiento de combate del más alto nivel y además sufre de una especie de visiones que le inquietan en ocasiones al punto del tormento.

El Duque Leto debe abandonar Caladan, lugar de residencia de la familia, e ir a Arrakis, el planeta árido y peligroso del cual proviene la especia. Pronto la familia es traicionada y esto obliga a los supervivientes a enfrentar persecuciones y los peligros del desierto para descubrir que Dune y los Fremen, los habitantes de este planeta, son más complejos de lo que suponían, dándose así un choque entre dos visiones del mundo.

Chalamet

Espectáculo visual

Ya anticipé que no he leído la Dune, la novela, y que cuando entré a la sala de cine para ver Dune de Villeneuve no había visto la versión de David Lynch (cosa que hice a la mañana siguiente en Amazon Prime Video). Además, es necesario señalar que para entonces no sabía nada de la película, al punto de que me enteré de que se trataba de la primera entrega, de dos, cuando en la pantalla se proyectó el título Dune: Part One. De manera que lo que pretendo con esta advertencia es transmitir la idea de que mi acercamiento a la película fue el de un espectador que llega a un producto cinematográfico sin idea de qué esperar.

La película me emocionó durante su primer tercio, me generó algunas dudas durante el segundo y terminó por cansarme durante el tercero. Desde sus primeros momentos fue perceptible el hecho de que se trataba de una historia que necesitaba exposición. Explicar las relaciones personales, políticas y sociales entre grupos y planetas de este universo, así como las claves del funcionamiento de los elementos que integran el mismo no es sencillo y, aún así, la película sale bien librada de ese laberinto. Hay exposición, pero se integra de buena manera.

Visualmente Dune es un espectáculo que en ocasiones raya en la soberbia. La película tiene una identidad visual que nos permite pensar en este universo como uno nuevo, a pesar de que en el cine ya hemos visto desarrollarse imperios galácticos como en el caso de Star Wars, por mencionar el caso de mayor popularidad. Es notoria la intención de los involucrados por llevar un blockbuster millonario a otro nivel visual y, de la mano, a otro nivel narrativo, uno casi solemne, y lo logran.

Zendaya, te amamos

Mucha técnica, poca alma

El lenguaje cinematográfico es audiovisual. Los cineastas se sirven de la imagen y el sonido para contar historias e invitarnos a adentrarnos a las mismas. Si hemos dicho antes que Dune logra una estética visual impactante y que el trabajo de Hans Zimmer está más que probado, ¿por qué me sorprendió la arrolladora cantidad de valoraciones en Letterboxd que le daban a Dune la mayor calificación posible?

Si bien es cierto que la película constantemente nos regala imágenes fascinantes y secuencias bien logradas, hay muchos momentos en los que la imágen sólo importa por la imágen en sí misma. A ello hay que añadir que varias de ellas son innecesariamente repetitivas, sobre todo para una historia que aparentemente necesita de dos películas para ser contada, como lo son las visiones que el personaje de Chalamet tiene con el de Zendaya.

Parece que en esta versión de Dune se encuentran presentes los elementos para que cuente con un corazón discursivo y para que el espectador tienda un lazo con los personajes, pero esto no sucede. La espectacularidad visual se come a la historia, en lugar de darle fuerza. En momentos me recordaba a un quirófano de alta tecnología, pulcrísimo y aséptico, pero vacío. Una cinta sin motivo, sin alma. Dune falla en un elemento central de la ciencia ficción: ahondar en las preocupaciones del ser humano. Sin embargo, es probable que necesite verla de nuevo para responder entonces con mayor claridad ¿qué película ví?


Acerca de Raúl Orozco 69 Articles
Politólogo y maestro en políticas públicas, entusiasta de los deportes y el cine. Gozo ser testigo de la capacidad creativa de quienes se dedican a contarnos historias, así como conversar y escribir sobre ello.