Cuando el futuro nos alcanzó: The Truman Show

The-Truman Show

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La alegoría de la caverna ha pasado de ser una fábula que buscaba explicar la raíz del pensamiento de Platón para ser parte de la sabiduría coloquial: un grupo de hombres prisioneros desde su nacimiento que lo único que conocen es la pared que se encuentra frente a ellos dentro de la caverna que no sólo es su hogar sino su mundo. Detrás de ellos hay un pasillo, una fogata y la salida de la caverna al mundo exterior. Las sombras que ellos ven proyectadas en la pared a través del fuego es la única verdad que conocen, lo único cierto al prescindir de un conocimiento de que hay más allá.

El cine puede ser muchas cosas y entre ellas no sólo un reflejo sino también un escape de la realidad regido por una narrativa ajena a nosotros los espectadores. Sólo vemos lo que se nos decide mostrar y es de eso que nosotros asimilamos el resultado final siempre con los pies puestos en que vemos una historia de la cual sólo controlamos nuestra impresión particular.

Algo similar ocurre con nuestra realidad; imposible conocerlo todo y nuestra cotidianidad la armamos de acuerdo a lo que experimentamos y nos rodea, siendo la percepción en realidad la que codifica nuestra realidad. Es cuando decidimos romper con lo cotidiano que nos encontramos en muchas ocasiones que en realidad no todo es lo que sabemos.

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Truman Show

 

Heroísmo manufacturado

En 1998 se estrenó una película cuya premisa en ese entonces se antojaba inverosímil pero que viéndola a 22 años de distancia contenía una profecía aterradora: The Truman Show marcaba el debut de Jim Carrey en papeles serios para narrarnos la historia de Truman Burbank, un feliz y normal vendedor de seguros que un día empieza a darse cuenta que toda su vida ha sido un programa de televisión donde él es la estrella y que el pequeño pueblo de Seaheaven donde vive es en realidad un gigantesco set de televisión y no sólo de un programa de televisión cualquiera sino de un fenómeno mediático en el mundo real. Aquí, lo que alguna vez describió cómo algo pesadillesco George Orwell en 1984 se convierte en algo aspiracional: el ser famoso simplemente por el hecho de ser uno mismo. ¿O no?

 

Cada uno de los hechos significativos en la vida de Truman son en realidad una manipulación ideada por un megalómano productor (un sublime Ed Harris) que guía la vida de Truman como un Dios caprichoso: su esposa y círculo social son actores a los cuales no les simpatiza mucho, su hidrofobia fue planeada para evitar deje el pueblo/estudio y los dolores que lo han marcado son consumidos y analizados por un público voraz que encuentra en Truman un ideal que resuena aún en estos tiempos: un hombre feliz, amado y sin preocupaciones reales más que las que llegan a él por “designios divinos”.

Ed HArris - Truman Show
Realidad y Reality

Truman es feliz pero esa felicidad, así como el resto de su personalidad, han sido designios de una voluntad externa que lo aprecia cómo un producto y no como un ser humano; los sentimientos del ser pueden ser reales pero parten de situaciones que en realidad buscan una reacción específica cual perro de Pavlov siendo precisamente el resúmen de su vida una simulación total que anticipa el boom de los Reality Shows. Si bien ya MTV había estrenado “The Real World” 6 años antes, fue después que empezaron a proliferar fórmulas a la Big Brother que buscaban llevar a sus comunes protagonistas a situaciones límites dentro de un ambiente controlado: los veíamos llorar, reir, conmoverse comprando eso como algo común dejando a un lado que sabíamos que la fatalidad y el éxtasis eran algo que les era ajeno.

Truman Show

¿Han visto alguna vez una entrevista con Jim Carrey? ¿Han notado cómo existe un dinamismo que bordea en la psicosis al momento de responder e improvisar? Uno busca información sobre la vida de Jim Carrey y se da cuenta que lo poco que sabemos de él son cosas terribles y dolorosas ¿Y si el Jim Carrey que conocemos es una simulación? Es escalofriante pero es por eso precisamente que Carrey funciona en papeles dramáticos donde interpreta a seres más cercanos al ser replicante que a un ser natural. El Carrey que vemos al inicio de The Truman Show es alguien exagerado y hasta ridículo. Es un ser odioso, si, pero uno que tiene demasiado amor y empatía y que en el mundo real odiariamos. Pero en este caso no, en este caso él es alguien que anhelamos ser, un ser cuya libertad y felicidad es un heroísmo manufacturado.

 

La profecía de The Truman Show

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The Truman Show es una profecía que se hizo realidad, pero, curiosamente, siendo un producto netamente de su tiempo. Que todo ocurra en un estudio de televisión es porque algo cómo redes sociales eran un producto que parecía se iba a quedar como mera especulación de la ciencia ficción. Es en estos tiempos que nos damos cuenta que si bien la forma ha cambiado la experiencia de Truman es algo totalmente cotidiano y aspiracional. Día a día vemos en redes cómo Twitter y Facebook a personas comunes dentro de los clichés de lo que conocemos volviéndose famosos por el simple hecho de elegir tomar el control de la narrativa de sus vidas, por decidir su vida merece ser vista. Tik toks y Vines nos dan la oportunidad de asomarnos a lo que sería la vida cotidiana del sujeto que decide convertir su individualismo en una historia digna de tener espectadores sin tomar en cuenta el individualismo del otro siendo lo que para unos puede ser un mero chiste la polémica del otro. ¿Esta el sujeto en verdad en control? ¿O son sólo un Truman del cual nosotros somos los productores, los dueños del corte final?

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En su estreno, el show de Truman se convirtió en un moderado éxito de taquilla, lo cual respondía a un público que al ver el nombre de Jim Carrey como protagonista creía que vería una de las comedias simplonas que le había dado fama y no el caballo de Troya del que hoy estamos hablando y, a pesar de que The Truman Show se alzó en los Globos de Oro con los premios a mejor música, actor dramático y actor de reparto, fue ninguneada en los premios Oscar negándole, de entrada, la nominación a mejor película para conformarse con las de mejor guión original y mejor director. Pero es muy curioso que las cintas que se alzaron cómo máximas vencedoras fueron Shakespeare in Love y Saving Private Ryan: la primera una comedia romántica bastante simplona que basándose en la reinvención de una vida enigmática conquistó el corazón de unos votantes que en esta reinterpretación encontraba una historia cliché que justificaba la creación de un arte que sigue hasta nuestros días mientras que la segunda era una cinta que obsesionada por un realismo crudo exageraba el mismo para transmitir su mensaje de esperanza en tiempos de horror. La realidad buscaba ser cursi cómo la ficción mientras que la ficción, sin proponérselo, se convertía en la realidad.

¿Alguien está viendo?

Truman era más que eso, Truman era una posibilidad que decidimos adoptar como vanalidad y una que se adaptó a medias ya que aún necesitamos conservar una parte de ella cómo fantasía concediéndonos la posibilidad de vivir mediocre y felizmente para que, al morir, pueda ser en vano. Podamos conservar secretos y ser privados. La aspiración se conserva, pero en un sentido contrario del cual raspamos un heroísmo. Y prendamos, ántes, la tele y veamos a seres que son distintos sólo por que hay alguien viéndolos.

En 1998, una banda llamada Radiohead lanzó al mercado su obra maestra Ok Computer, una readaptación de lo que Pink Floyd planteó en su mítico Dark Side of the Moon de cómo la vida moderna podía llevar al hombre a su locura. Entre los tracks destacados (que son todos menos Fitter Happier) se encuentra No surprises una canción sencilla que simplemente narra la mediocridad de alguien que todos conocemos y a veces nos duele ser: un sujeto que sólo quiere que no haya alarmas ni sorpresas para ser feliz. Y sonreímos de oírlo, de entrometernos en su mente tan vanal aspirando eso que se canta por qué esa intimidad se puede quebrar muy fácilmente en el mundo real.

Todos estamos hechos de estrellas pero no todos podemos serlo.

Andy Warhol tenía razón. Que horror.