Another Round: lejos del puritanismo, cerca del corazón

Cuenta la leyenda que en la maravillosa escuela en la que trabajo había una vez una maestra que tuvo un grupo tan difícil que cada día, al terminar las clases, se echaba un caballito de tequila. Eventualmente la maestra (llamémosle Conchita) dejó ese hábito; unos dicen que porque el grupo dejó de ser tan pesado, y otros que porque estaba cerca de caer en el alcoholismo.

Algo similar sucede (aunque ambientado en un país ligeramente más primermundista) en Another Round (Druk, en el idioma original), película danesa dirigida por Thomas Vinterberg, y nominada a Mejor Película Internacional en la más reciente entrega de los premios Óscar. 

Cuatro amigos: Tommy (Thomas Bo Larsen, adorable), Nikolaj (Magnus Millang), Peter (Lars Rante) y Martin (estupendo Mads Mikkelsen), todos maestros de preparatoria, deciden escapar de la monotonía de sus vidas al poner a prueba la teoría de que el nivel óptimo de alcohol en la sangre, según el psiquiatra Finn Skårderud, es de 0.05%. Todo esto se decide en el cumpleaños número 40 de Nikolaj. 

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No es una cinta regañona

Hay quienes, llegada la crisis de la mediana edad, se compran un coche deportivo, una moto, o se consiguen amigos más jóvenes. En cambio, estos cuarentones deciden mantenerse ligeramente ebrios durante todo el día,  así como lo hacían Hemingway y Churchill. 

Ya a partir de ahí, la premisa de Another Round es interesante, pero la película se vuelve aún más novedosa al no tomar esta actitud regañona ante el alcohol, sino que más bien se vuelve un vehículo para hablar de otros temas que tienen que ver con la soledad, la familia, la monotonía. No es la historia de una tragedia más causada por el alcohol, estilo Cuando un hombre ama a una mujer (Mandoki, 1994). Es una película luminosa incluso, que no juzga. 

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Otro gran acierto son las actuaciones de los cuatro amigos. Claro que Mads Mikkelsen nos ofrece, como siempre, una actuación conmovedora, contenida, incluso a veces aterradora; pero el corazón de la película se reparte entre sus demás amigos. Tommy, quien se convierte en el mentor de un niño pequeño (muy a la Ted Lasso) y tiene un adorable perro anciano. Nikolaj, quien es padre de tres criaturas y tiene mucho en común con uno de sus hijos que aún moja la cama. Peter, maestro de música que ayuda de maneras poco convencionales a un alumno angustiado. 

De inmediato nos encariñamos con los cuatro y con esa amistad entre hombres, tan refrescante, sana, y muchas veces olvidada en el cine. 

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Por el gusto de estar juntos

He de confesar que yo sí era de esas personas que pensaba que lo que el alcohol le hacía a la gente era una basura. Quizá por el historial de alcoholismo que existe en tantas de nuestras familias. Siempre lo vi como el reflejo de la imposibilidad de estar en un lugar, como cuando mis tíos se servían cubas en las comidas de los domingos a las dos de la tarde, enfrente de mi bisabuela y de sus hijas. O cuando algunos de mis parientes tomaban de más en Navidad, para mitigar la melancolía que conlleva esa fecha. 

Pero después noté que puede servir también para aderezar la felicidad de un momento, como cuando se brinda después de una boda, o cuando mis tías toman mezcal con mandarina y sal de gusano, solo por el gusto de estar juntas.

Algo así sucede en esta película, en la que claro que pasan cosas no muy agradables, tristes, desgarradoras incluso, a partir del dichoso experimento del 0.05%. Pero también hay lugar para los bailes entre amigos, las clases dinámicas y divertidas, el amor por los maestros, el triunfo sobre la ansiedad que causa un examen, la alegría de vivir. 

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La nominación al Oscar

Año con año, nos hemos dado cuenta de que las películas con más “alma” en los Oscar casi siempre son aquellas que caen en la categoría de “Mejor Película Internacional”. 

Hemos tenido a Roma, Parásitos, y ahora a Another Round. Es difícil imaginar que en nuestro continente se cuenten historias así, que, en vez de satanizar, inviten a la reflexión y nos saquen un poco de nuestro etnocentrismo. Esta es una película novedosa que vale mucho la pena, y que, me atrevo a decir, tiene la mejor escena final de cualquiera de las películas nominadas.

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 ¿Realmente la maestra Conchita necesitaba alcohol para enfrentar a ese grupo de niños? ¿Hubiera sido Hemingway tan grande de no tener esta dependencia del alcohol? Debe de haber algo más que solo eso. Es un factor común en estas historias, sí, pero no es el culpable de todo. No es lo que se debe de satanizar. Depende mucho de lo que uno trae ya adentro, y el alcohol simplemente es lo que lo destapa. 

En el caso de Another Round fue esta sustancia, pero pudo haber sido cualquier otra cosa. Yo no digo que no deba de haber historias como Cuando un hombre ama a una mujer, pero creo que es tiempo de hacer espacio para películas como esta, que no se escribe desde el puritanismo, sino desde la honestidad y el corazón.