Desaparecer por completo: terror sensorial

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En uno de los videos de su canal de YouTube, el cineasta de origen sueco -con experiencia en el cine de terror (Lights Out, Anabelle 2)- David F. Sandberg, explica que en el cine (y concretamente en el cine de terror) siempre es más importante el audio que la imagen.

Para probarlo, Sandberg muestra dos versiones de una secuencia extraída de un corto de terror de su autoría: en el primero la imagen se ve pristina pero el audio no se entiende casi nada, mientras que en la segunda versión es al revés, la imagen se ve mal, pero el audio se escucha perfecto. La pregunta que hace Sandberg es: ¿en cuál de los dos se entiende más?, ¿en cuál de ellos es posible seguir la historia?

El resultado es interesante. Si bien depende de la idiosincrasia de cada espectador, lo cierto es que resulta más fácil entender qué pasa en la película si el audio es mejor que la imagen.

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En su incursión al género del terror, Desaparecer por Completo (México, 2022), el mexicano Luis Javier Henanine (un par de exitosas comedias románticas previas: Tiempos Felices, 2014  y Solteras, 2019) parece tener claro lo mismo que Sandberg demuestra: el audio es más importante que la imagen, e incluso la supresión del mismo genera más inquietud que, digamos, un pantalla a negros.

La anécdota en Desaparecer por Completo es bastante sencilla, casi predecible. Santiago (extraordinario Harold Torres, como siempre) es un fotógrafo de nota roja en la Ciudad de México. Como buen periodista de la fuente, sabe que con dinero baila el perro, así que no duda en deslizar un billetito por acá y otro por allá para que la policía le avise de los accidentes más sangrientos y lo dejen pasar antes que nadie a la escena del crimen.

Sus fotos suelen ser portada de un pequeño periódico sensacionalista en el que trabaja, siempre con alguna cabeza ingeniosa o de plano chistosa (ya sabe usted como qué periódicos de la vida nacional). Pero lo de Santiago es un arte depurado: busca siempre el mejor encuadre, el más poético, aquel que refleje la belleza dentro de la tragedia.

Santiago vive con su novia, Marcela (Tete Espinoza), pero en realidad está casado con su chamba: es capaz de cancelar una cena romántica ante el llamado de un amigo policía que le avisa del asesinato de un importante funcionario. Pero el gusto por sus fotos solo parece compartirlo su editor, ya que sin éxito ha intentado montar una exhibición de sus placas.

Un día su novia le tiene una noticia que llena de miedo al fotógrafo: está embarazada. “¿Pero cómo?, si usamos condón”, replica un Santiago que no está dispuesto a cargar con un hijo cuando aún lucha porque su carrera levante. Tomar fotos es su vida, y encargarse de un hijo sería casi equivalente a desaparecer.

Pero parafraseando un clásico de Nietzsche: ¿qué pasa cuando ves demasiado tiempo hacia el abismo?, ¿hacia la muerte? Con cada vez mayor frecuencia, Santiago empieza a tener sueños y alucinaciones horribles. 

El guión a cargo de Ricardo Aguado-Fentanes y del propio director no resiste la tentación a hacer referencia al famoso fotógrafo de nota roja, Enríque Metinides. De hecho la primera muertita que Santiago fotografía no es sino una réplica de una de las placas  más famosas de Metinides: “Primer plano de mujer rubia arrollada e impactada contra un poste”, del año 1979.

Las referencias no acaban ahí: parte del diseño de producción y mucho de la atmósfera es claramente un homenaje (¿saqueo?) a Se73n (1995), la insuperable cinta de David Fincher. Incluso en algún momento cuando Santiago acude a ver un cadáver encontrado en una mansión y que supuestamente se lo estaban comiendo las ratas, la escena se parece mucho a la del segmento “pereza” de dicha cinta.

Desaparecer por Completo (México, 2022)

Así, el inicio no es precisamente emocionante, aunque por momentos la fotografía de Glauco Bermudez crea escenarios interesantes en secuencias donde la Ciudad de México (si no me equivoco en las calles del centro de Tlalpan) se retrata ominosa y oscura con calles que parecen la entrada a un abismo.

Pero la cosa se pone interesante cuando -ante la cada vez más frecuente angustia- Santiago decide ir con una bruja. “Lo tuyo necesita más que una limpia”, le responde la santera que ve en el fotógrafo un caso mucho más complicado.

Es aquí donde la película da un giro para convertirse rápidamente en una pesadillesca cinta llena de alucinaciones, atmósferas y uno que otro efectivo jump scare que funciona perfecto en una sala de cine. 

Pero lo llama más la atención, lo que desmarca a esta cinta del montón, es el diseño sonoro. Las imágenes y los sustos, si bien están logrados, no dejan de remitir a muchísimas películas del género, pero el audio (o incluso la ausencia de él) genera escenarios que no son usuales en una película de terror. El audio poco a poco se va convirtiendo en el protagonista de la cinta hasta llegar a ese poderoso final donde entendemos a qué se refiere el título de esta cinta.

El resultado es interesante. Desaparecer por Completo es una cinta que desafía al género al apostar por un horror sonoro antes que gráfico. Henaine prefiere tomar por asalto el oído de su público para que , junto con la imagen, crear sensaciones que no son usuales en el cine de terror, mucho menos en el cine mexicano.