Verity: cuando el giro importa más que la historia

Verity, adaptación de la novela homónima de Colleen Hoover, sigue a Lowen Ashleigh, una escritora que acepta ser la ghostwriter de una exitosa autora después de que un accidente la deja incapacitada para continuar escribiendo. Al instalarse en la casa de los Crawford, Lowen encuentra un manuscrito aparentemente autobiográfico que revela una versión perturbadora de la vida de Verity. Mientras intenta descubrir cuánto hay de verdad en esas páginas, su creciente atracción por Jeremy, el esposo de la autora, complica todavía más las cosas.

La premisa tiene todo para construir un thriller interesante: una casa llena de secretos, una narradora cuya credibilidad podemos cuestionar y alguien que empieza a involucrarse demasiado en la historia que intenta descifrar. Pero salí de la película con prácticamente la misma sensación que tuve al terminar el libro: estuvo entretenida, aunque tampoco entendí tanto escándalo.

Más que quedarme pensando en sus personajes, me quedé pensando en cuántas cosas necesita inventarse esta historia para mantener nuestra atención.

Creo que lo que mejor funciona es precisamente la curiosidad. Constantemente hay una versión que podría ser mentira, algo que parece esconder otra cosa o una revelación que promete cambiar cómo entendíamos todo. Es fácil entrar en ese juego. Aunque empieces a desconfiar de la película, quieres seguir viendo.

A mí sí me entretuvo; el problema es que, conforme avanza, se vuelve cada vez más difícil tomarla en serio.

Y no porque una película tenga que ser realista para gustarme. Me encanta que el cine pueda ser extraño, exagerado, incómodo, incluso completamente absurdo. Pero necesito sentir que ese exceso tiene sentido dentro de lo que me están contando. Aquí, por momentos, parece que lo importante es encontrar la siguiente cosa suficientemente escandalosa para que no dejemos de prestar atención. Cada vez que la historia podría detenerse a desarrollar algo, prefiere aventarnos otra sorpresa.

Te puede interesar:  1917: la gran hazaña de Sam Mendes

verity_dakota_Johnson

También hay algo muy comercial en cómo utiliza lo perturbador. Todo parece calculado para provocar una reacción inmediata: intriga, deseo, rechazo, sorpresa. Claro que el cine trabaja con nuestras emociones, pero aquí se me hizo demasiado evidente el mecanismo. Más que involucrarme con los personajes, estaba tratando de adivinar qué información me estaban escondiendo para después presentármela como una gran revelación.

Eso también me pasó con el libro. Lo seguí leyendo porque quería saber cómo terminaba, pero al final no sentí que toda esa expectativa tuviera una recompensa equivalente. Hay una diferencia entre querer llegar al desenlace y sentir que el recorrido valió la pena.

Lo frustrante es que sí hay preguntas interesantes: cuánto podemos conocer a alguien a través de lo que escribe, cómo el deseo modifica nuestro juicio o por qué creemos ciertas versiones cuando nos convienen. Me habría gustado que la película permaneciera más tiempo en esas incomodidades.

Al final, Verity conserva lo que menos me convencía del libro: la necesidad de subirle constantemente al drama hasta llegar a lo absurdo. Entiendo su atractivo y las ganas de discutir sus revelaciones, pero mi reacción fue bastante menos intensa: entretenida, sí. También muy meh.