Voy a empezar por admitir que no soy el público de esta película. Los romances de época, las declaraciones contenidas y las mujeres que salen a caminar por el campo para procesar sus emociones nunca han sido especialmente lo mío.
Entiendo el encanto, pero rara vez me provoca el entusiasmo que parece despertar en los fans de Jane Austen. Dicho eso, esta nueva adaptación de Sensatez y Sentimiento sí tiene algo que me interesó: el espacio que le da a la relación entre las hermanas Dashwood.
Más allá de sus respectivas historias románticas, sentí que Elinor y Marianne existen más claramente como hermanas en esta nueva versión de Sensatez y Sentimiento (que, por elguna razón, en español perdió el plural y ahora es singular) . Hay una cercanía entre ellas que me recordó más al libro: la complicidad, las diferencias y también esa dificultad de entender cómo alguien tan cercano puede vivir sus emociones de una manera tan distinta. Me gustó que la película se detuviera ahí, porque fue en esa relación donde encontré sus momentos más interesantes.
Elinor contiene, Marianne desborda, y convivir con cualquiera de esas dos maneras de estar en el mundo puede ser agotador. Pero también hay cariño en medio de esa incomprensión. La película permite que se acompañen sin que necesariamente tengan que entenderse todo el tiempo. Eso me pareció más cercano y más convincente que buena parte de lo que sucede alrededor de sus intereses amorosos.

Comparándola con la versión de Ang Lee, aquella me parece más cercana a una película de Hallmark. Sí, sé que estoy hablando de una adaptación muy querida, pero esa es la sensación que me deja: un romanticismo más cómodo, más dispuesto a envolverte. Esta nueva versión se despega un poco de eso. La sentí menos complaciente en algunos momentos y más interesada en observar a las hermanas, aunque tampoco diría que propone una ruptura enorme con lo que ya conocemos de este tipo de películas.
Porque, por muy bonita que sea la fotografía —y sí lo es—, seguimos teniendo lluvia, vestidos y mujeres corriendo por la pradera. Hay imágenes que funcionan, pero también momentos en los que sentí que estaba viendo otra vez el mismo repertorio visual del romance de época. Entiendo que para mucha gente eso es precisamente parte del atractivo. A mí me hizo sentir que la película se permite cambiar algunas cosas, siempre dentro de un terreno bastante conocido.

Y luego está la duración. Hubo un punto en el que ya había entendido las tensiones, las personalidades y los obstáculos, pero la película todavía tenía bastante por recorrer. Sinceramente, creo que le pudieron haber mochado unos veinte minutos. No necesitaba pasar tanto tiempo ahí para conectar mejor con lo que estaba viendo.
Al final, esta nueva versión de Sensatez y Sentimiento es cien por ciento para fans de esta historia y del imaginario de Jane Austen. Tiene una relación entre hermanas que vale la pena mirar y una fotografía que se disfruta, incluso desde mi distancia con el género. Pero esa distancia siguió ahí cuando terminó. Pude reconocer sus aciertos sin sentir demasiadas ganas de quedarme a vivir entre sus paisajes, sus silencios y sus romances.