Oppenheimer: el infierno está vacío

Si hacemos un rápido recuento, no hemos tenido un estreno de la magnitud que se merece de Christopher Nolan desde Dunkirk en 2017. Para Tenet en 2020, fue prácticamente imposible ir a las salas de cine por la pandemia de COVID-19 por lo que muchos cinéfilos (incluyéndome) ya nos hacía falta un estreno a sus anchas de este aclamado director.

Oppenheimer es la historia de J Robert Oppenheimer, mejor conocido como “el padre de la bomba atómica” singular personaje que jamás se había traído a la pantalla grande con tal magnitud. Y entiendo por que para Nolan sería interesante contar la historia ya que sigue el “estereotipo” de personajes que al director le atraen: hombres impulsados principalmente por su convicción buscando el “bien” común a costa de su propia felicidad, con dilemas y vacíos tan profundos que tarde o temprano se aparecen inevitablemente.

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Largo viaje

Durante las tres largas horas que dura la película, vemos desde sus primeros años a Oppenheimer y su camino por la búsqueda de conocimiento y enfrentar a lo desconocido en los terrenos de la física. La guerra estalla y tras varios años, Estados Unidos está listo para presentarle al mundo su capacidad militar y como básicamente se creen los dueños del mundo.

Para Oppenheimer, interpretado por el gran Cillian Murphy, el proyecto de la bomba atómica nace casi como un capricho de superioridad intelectual versus los científicos de otras naciones. Tal era su convicción y la de sus académicos allegados, que hasta una ciudad llamada El Alamo fue construida para que investigadores y sus familias estuvieran en completo aislamiento durante la creación del arma más letal que cambió por completo la historia del mundo. Algo así como en un culto.

 

Es interesante el paralelismo que Nolan agrega a la película entre Oppenheimer y Prometeo, quien desafió a los dioses griegos al regalarle el fuego al hombre, convirtiéndolo en el padre, y hasta cierto punto responsable, del infierno que se vive en la tierra. Y es a partir de ello que en la película el director desafía la historia del personaje, dejando una ambigüedad en cuanto a los sentimientos de culpa que pudiera tener Oppenheimer: ¿apoco hasta que se detonó la bomba es que se dio cuenta del daño irremediable que tendría para Japón, y el mundo? ¿es mejor hacerlo nosotros a que alguien más lo haga? ¿será él realmente responsable si fue el gobierno el que le encargó crearlo? ¿verdaderamente no tenía opción?

Son preguntas que se quedan para la reflexión personal, y se agradece que Nolan sea bastante neutral al respecto, dejando al espectador crear sus propias conclusiones.

 

Hundir la flota

El cinismo americano también se presenta de manera extraordinaria, con una escena específico donde el gobierno decide los lugares en donde la bomba estallará. Es tal la desvergüenza y desdén de los americanos quienes creen que están jugando a Hundir la Flota, que se vuelve incómodo verlos creerse los dueños del mundo. Resuena bastante Doctor Strangelove de Kubrick, inspiración de Nolan en muchas de sus películas.

Está de más comentar que los valores de producción son impecables, pero si quisiera apuntar que la música de Ludwing Goransson y en general la mezcla de sonido son cautivadoras y hasta cierto punto terrorífica. Los sonidos son claves en esta película, y el detonar de una bomba será algo que jamás olvidaré. Sin entrar en mucho detalle, es una escena espeluznante.

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Reparto alucinante

Además, es la primera vez que Nolan cuenta con un reparto tan basto que abarca a tantos actores como Robert Downey Jr, Matt Damon, Florence Pugh, Emily Blunt, Rami Maleck, Josh Peck (¡gran sorpresa!), Gary Oldman, Casey Affleck, Ben Safdie, Kenneth Branagh y la lista sigue… Me parece que, si bien es interesante ver tantos actores en pantalla, también es una oportunidad al haber cantidad de personajes a los que hay que entender su propósito en el filme.

Y si a esto le sumas, sin entrar al spoiler, una capa narrativa que le dan a la historia donde se involucran dos juicios, hacen que los que quizás no estamos muy familiarizados con lo que pasó después de la guerra nos pueda parecer un tanto revuelto. Es sensato contar la historia desde la perspectiva de lo que pasó después ya que comprendes que todo lo que hizo Oppenheimer fuera de su vida académica le viene a impactar, pero sin duda alguna complica la asimilación del filme al ser más personas y mas historias a las que hay que seguirle el paso.

 

El infierno está vacío

Escribiría William Shakespeare en La Tempestad “el infierno está vacío, todos los demonios están aquí”. Es fácil juzgar a Prometeo y hacerlo responsable de todos sus actos, pero hizo falta más de uno para desatar la catástrofe. De existir un infierno, probablemente sea un lugar desolado, porque más de una vez la tierra se ha llenado literalmente de fuego. Oppenheimer definitivamente nos lleva a la reflexión y aunque en veces pudiera llegar a ser cansada , no hay duda en que la película se queda contigo siendo el reflejo de lo que los humanos realmente están hechos. Joder, esto es cine.

PD: creo que jamás había visto a Einstein en la pantalla grande.