Off Campus: la rom-com cursi que me encanta.

La vara está en el inframundo para las rom-coms. Lejos han quedado aquellos tiempos donde podías ir al cine a ver cosas como Notting Hill, When Harry Met Sally o Dirty Dancing. ¿Qué tenemos ahora?: historias con Sydney Sweeney, la reina de los republicanos, historias en donde Dakota Johnson se queda con el Capitán América en vez de Pedro Pascal (¿?), historias donde se romantiza la violencia (ya quítenle la pluma de la mano a Colleen Hoover). Y bueno, la versión febril de Cumbres Borrascosas de Emerald Fennell (sigo preguntándome cómo des-ver eso).

La vara está en el inframundo también para los intereses amorosos. No necesariamente en el cine, aunque sí, pero me refiero a la vida en general. Parece demasiado pedir que alguien tenga responsabilidad afectiva, sepa qué es el consentimiento, mantenga higiene básica y no te haga perder el tiempo.

No es que Off Campus, la nueva serie de Prime Video, venga a salvarnos de esta crisis sentimental pero, la verdad, se acerca. Basada en la saga homónima de libros, escrita por Elle Kennedy, Off Campus nos presenta una de las premisas más viejas del mundo: Hannah Wells (Ella Bright) es una estudiante de música que fingirá andar con el capitán del equipo de hockey, Garrett Graham (Belmont Cameli). Se imaginarán cómo acabará ese acuerdo de no enamorarse. Y por ahí también hay otros personajes con sus propias crisis e historias de amor. Destacan, a mi parecer, la mejor amiga que alguien podría desear, Allie Hayes (Mika Abdalla, quien también salió en la primera temporada de The Pitt) y el fuck-boy más tierno del mundo, Dean Di Laurentis (Stephen Kalyn).

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He de confesar que la primera razón por la que quise ver la serie fue Belmont Cameli. ¡Qué hombre, Dios mío! Y su personaje fue de los primeros en agradarme. No era el típico capitán engreído y cruel. Era, además de ridículamente guapo, un chico relativamente sencillo, fan de la música ochentera, honesto con las chicas con las que salía y que sabía qué era el consentimiento. “No te voy a ver desnuda hasta que tú quieras”, le dice a Hannah. Ah, lo mínimo que se espera de un hombre. Pero qué buena decisión tener un protagonista así.

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Es cierto que la serie es predecible. Tiene diálogos bastante cuestionables, está llena de clichés (el mejor amigo gay, la relación falsa), la actuación de Ella Bright no es la mejor, y hay algunas sub -tramas que francamente son aburridas. Aun así, la disfruté muchísimo más de lo que hubiera imaginado.

El soundtrack incluye canciones viejas y modernas que complementan bien la historia (mi Shazam nunca había chambeado tanto, pobre). Por ejemplo, The Bitch Is Back, de Elton John, ha tenido un renacimiento gracias a la serie. Ha hecho un gran trabajo por la educación sentimental de los jóvenes, hay que decirlo.

Los temas delicados que se tocan, como el abuso y la violencia, son abordados con seriedad y sin romantizarlos (por ahí tratan de convencerte de que está mal moler a palos a un violador, pero yo no estoy de acuerdo, honestamente). A mi parecer, hay un poco de desnudez innecesaria, pero las escenas de sexo presentan prácticas sanas y consensuadas. Y aunque su elenco pertenece a la generación Z, todas las referencias que se hacen son a las rom-coms viejitas que tanta falta nos hacen.

Off Campus alcanzó 36 millones de vistas en sus primeros doce días en la plataforma. Con esas cifras, supera estrenos de series como The Boys y The Summer I Turned Pretty. El mundo está sanando, verdaderamente. Aunque, insisto, no es que sea la mejor serie ni pasará a la historia ni nada. No es algo que te va a dejar destrozado y llorando en el piso como Normal People (aunque a mí, que tengo corazón de pollo, sí me arrancó una lagrimita).

No es una serie regañona y santurrona como 13 Reasons Why, y tampoco es una historia ñoña y payasa como To All The Boys I Loved Before o Sierra Burgess Is a Loser. Es la clase de rom-com cursi y medio basura que me encanta, qué les digo. De esas historias que te dan ganas de tener un romance así, de película, aunque una ya tenga más de treinta y la universidad haya quedado atrás. Creo que es una serie perfecta para ver un viernes en la noche, cuando llegas cansado del trabajo, y tienes ganas de creer en el amor. Y escoges tener fe.

I am the girl that I am because of the girl I used to be.