Cincuenta sombras de Cumbres Borrascosas

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Hay adaptaciones que reinterpretan. Hay adaptaciones que traicionan. Y luego está “Cumbres Borrascosas” de Emerald Fennell, que parece no haber entendido nunca qué estaba adaptando en primer lugar.

La nueva Cumbres Borrascosas juega a ser oscura, erótica y provocadora, pero termina pareciendo la versión gótica-premium de un algoritmo que vio Fifty Shades of Grey y pensó: “¿y si le ponemos viento, corsés y trauma?”. La sexualización no nace del dolor ni de la represión ni del deseo como fuerza destructiva — aquí nace del cliché. Es sexualidad diseñada para verse bien, no para incomodar ni arrastrar. Esta adaptación carece de todo aquello que hacía que la novela original doliera.

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Sin diálogo con Brontë

El problema no es que se aleje del libro. El problema es que ni siquiera parece dialogar con él. Emily Brontë escribió sobre obsesión como destino, sobre amor como enfermedad, sobre personas que no deberían tocarse, pero no pueden dejar de hacerlo. Aquí queda la estética… sin la podredumbre. Es como ver la versión filtrada de Instagram de una historia que debería oler a humedad, tierra y rabia.

Y siendo generosos — imaginemos que no existe el libro. Imaginemos que esto es una historia original. Igual se siente rala. Bonita, sí. Cara, sí. Emocionalmente peligrosa… nunca. Es una película que constantemente parece que va a decir algo incómodo… y luego decide mejor posar.

Y luego está el tema de Heathcliff… y no lo digo desde una checklist de inclusión, pero Heathcliff históricamente es un personaje racializado, “otro”, alguien cuya diferencia social y étnica alimenta directamente su resentimiento, su violencia, su imposibilidad de pertenecer. Ignorar esa dimensión para darle el papel a un actor como Jacob Elordi y hacer que su arco narrativo sea increíblemente básico le quita capas al conflicto central del personaje. Heathcliff sin esa otredad estructural pierde parte de su filo.

 

Borrascosas, pero sin peligro

No todo falla. La música — especialmente los tracks de Charli XCX — tiene más personalidad que varios arcos emocionales completos. Y el vestuario es impecable: sí hay una construcción visual que comunica decadencia, deseo y clase social.

Pero nada de eso salva el vacío del centro.

Porque si Catherine y Heathcliff no se sienten como un accidente natural esperando pasar, entonces la historia no existe. Y aquí no hay química. Hay posing. Hay gente muy guapa mirándose intensamente en locaciones espectaculares. Pero nunca se siente que se necesiten de forma peligrosa.

Tal vez funcione si lo que quieres es gótico sexy, limpio, empaquetado. Y ojo: tampoco es un desastre absoluto. Es palomera. Se deja ver. Pero si buscas esa sensación incómoda de dos personas destinadas a destruirse — esta versión de Cumbres Borrascosas se siente como un disfraz caro que nunca se ensució. Y en varios momentos, más que incomodar, da cringe.