¡AYUDA!: entre sangre, palmeras y jefes malos.

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¿Cuántos de nosotros no hemos tenido un jefe incompetente que por puro nepotismo termina haciéndonos la vida de cuadritos en la oficina? El aclamado  director Sam Raimi juega con este escenario en su más reciente  filme: ¡AYUDA! (2026). Aquí conocemos a Linda Liddle, una Rachel McAdams en tono Godín, a la que se le niega un importante ascenso tras la llegada de Bradley, el nuevo y antipático director de la empresa, interpretado por Dylan O’Brien; súbitamente la dinámica de poder se intercambia cuando ambos quedan varados  en una isla tropical sin aparente rescate.

El proyecto, ya descrito por algunos críticos  como una mezcla entre Miseria (1990) y Náufrago (2000), marca el regreso de Raimi al género del terror, con buenas dosis de humor negro y harta sangre. Cada broma o secuencia violenta no se siente gratuita o rebuscada, más bien refleja un propósito que ha sido constante durante toda la filmografía del director: entretener al público.

En una entrevista reciente, la productora Zainab Azizi describió al personaje de  Linda Liddle como: «Una orquídea que en toda su vida no tuvo suelo fértil, pero una  vez puesta en este ambiente salvaje, ella florece… sin embargo, hay algo que  siempre ha estado mal con la orquídea».

PAREJA DISPAREJA

Mejor conocida por sus papeles en comedias o siendo el interés amoroso de algún viajero  del tiempo (¡ha pasado tres veces!), Rachel McAdams entrega uno de sus trabajos más divertidos y  viscerales. Empezando como una mujer solitaria, con potencial desperdiciado, que nadie valora y cuyos mejores días quedaron atrás, para al final verla empoderada, segura de sí misma y -finalmente- cómoda en su propia piel.

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Caso opuesto el de Dylan O’Brien como Bradley, quien nos ofrece los momentos  más graciosos y angustiantes (talento que enorgullecería al ausente Bruce Campbell), mientras lo vemos caer al fondo de esta nueva cadena de mando. Su rol es reactivo, adaptándose a un entorno donde jamás pensó estar e incluso rozando un arco de redención al cuestionarse sus privilegios. 

La versatilidad que O’Brien  demuestra aquí y en Twinless (2025) es bastante interesante, regalándonos de esas  interpretaciones que amamos odiar; risa detestable incluida. 

TOXICIDAD LABORAL

El guion a cargo de Damian Shannon y Mark Swift logra confundir a la audiencia respecto a con cuál personaje deberíamos empatizar, incluso arrojando tintes de romance a la fórmula. La química de ambos actores se siente genuina y es suficientemente fuerte para sostener el peso de la película hasta la inevitable confrontación.

Danny Elfman anota su octava colaboración con Raimi, pero lejos quedaron aquellos días en que sus composiciones ayudaban a establecer la identidad del filme; salvo los créditos iniciales o el  accidente de avión, la propuesta musical es imperceptible. Una pena, porque su  score de Spider-Man (2002) es uno de los más icónicos del cine  de superhéroes. 

¡AYUDA! (Send Help, 2026) es una exploración retorcida y exagerada de la toxicidad laboral elevada a situaciones de vida o muerte. Funciona como un thriller que a primera vista no tienes idea de a dónde irá, o si los protagonistas terminarán besándose o matándose. Con jabalíes endemoniados, acercamientos extremos a  estos de atún en los labios, escenas prolongadas de vómito y hasta muertos vivientes en la playa. Si todo eso no grita cine de autor… Si todo eso no grita Sam  Raimi, no tengo idea qué lo hará.