Mercy (décimo quinto largometraje del ruso ya hollywoodizado, Timur Bekmambetov) , el detective Raven (Chris Pratt), es acusado de asesinar a su esposa. Pero resulta que en aquel futuro no muy lejano, la IA se encarga de juzgar a los criminales mediante un sistema que nada tiene qué ver con la justicia pero que se presta para el show: todo acusado de un crimen tiene 90 minutos para probarle a una IA (con facultades de juez) su inocencia, de lo contrario será condenado, muy probablemente a la silla eléctrica.
La buena noticia es que la jueza de IA, llamada Maddox, es nadamás ni nadamenos que Rebecca Ferguson, quien tiene acceso básicamente a todo lo que esté conectado a la nube, desde cámaras de seguridad caseras, públicas y privadas, hasta teléfonos, historiales de llamadas, y hasta las cámaras que los policías portan en el pecho. Nada parece estar fuera del alcance de esta jueza virtual.
Por supuesto, y como es de esperarse, Raven jura y perjura que él no mató a su esposa, y la tozuda Rebeca Ferguson no le cree, aunque le sigue proveyendo toda la información posible a un Raven que todo el tiempo está atado a una silla muy high tech que, de no lograr probar su inocencia, se convertirá en su lecho de muerte.
Esa «innovación» llamada Screenlife
La película presume un formato narrativo denominado como Screenlife, que es de las apuestas más interesantes en la industria, ya probada en filmes como Unfriended (2014), Searching (2018) o la muy popular durante la pandemia de COVID, Host (2020). Pero aquello no es sino una nomenclatura para un estilo narrativo del cual Bekmambetov ya había sido pionero en su cinta Profile (2018) -mil veces mejor lograda que Mercy– donde una reportera se hace pasar por musulmana para ser reclutada por ISIS y así atrapar a un terrorista. En esta cinta todo lo que vemos es lo que ella ve en pantalla: videollamadas y chats principalmente.
Otro dato que no abona al optimismo (y que de hecho explica muchas cosas) esque Bekmambetov fue productor de uno de los mayores fracasos de 2025, una película con varias nominaciones al Razzie y que, como Profile, Host y Searching, usaba la técnica de mostrar solo lo que las pantallas dejaban ver: la infame War of the Worlds (2025) con Ice Cube.
Una dupla sin química
En Mercy, la razón de ver a nuestro protagonista navegar por una interfaz de datos tras otra se justifica, pero falla en transmitir una sensación de urgencia, aunque resulta completamente creíble que , en un mundo actual dominado por la todopoderosa nube informática, sea posible recopilar cualquier e-mail, audio, mensaje de texto, video en celulares, cámaras de vigilancia, GoPros, drones o interacción por redes sociales.
Pero nada de esto vendería boletos sin la dupla de Pratt y Ferguson. La química es inexistente, y resulta obvio al saber que sus escenas fueron grabadas por separado ya que Chris se encontraba aislado y sólo hablaba con Rebecca por medio de una pantalla. Esta técnica intentaba sumar a la experiencia inmersiva que la película quiere vender, apoyada también por el uso de the volume, tecnología que en términos simples es un set compuesto por paneles LED de alta resolución que en tiempo real muestran entornos 3D. El resto del elenco incluye a Kali Reis (es grato verla de nuevo tras la última temporada de True Detective), Annabelle Wallis, Chris Sullivan y Kylie Rogers.

¿Apoyando la IA?
Queda claro que este tipo de largometrajes viven o mueren en la bahía de edición por la apabullante cantidad de efectos especiales, y aquí se realiza un trabajo bastante decente, sin embargo, el talón de Aquiles en este pretencioso rompecabezas es su guion, que decepciona irremediablemente ante la tibieza en su postura respecto a la IA. Y es que la película al final pareciera apoyar su uso con diálogos llenos de frases simplistas y cursis como: «Tal vez no somos tan diferentes, ambas partes cometen errores, pero aprenden y mejoran.» ¡¿En serio?!
Sus giros de tuerca y pseudo sorpresas argumentales se ven venir a kilómetros de distancia, y en definitiva el segundo acto se complica de más al conectar a todos los personajes como si de una telenovela se tratase, desembocando en un clímax, que debo admitir, eleva las apuestas y te mantiene interesado en el final… claro, si es que para ese punto sigues atento… o despierto.
Sin Piedad (Mercy, 2026) es un thriller palomero que desaprovecha sus elementos sci-fi, se queda corto en las pocas secuencias de acción y emplea la ya muy gastada premisa de cuánta libertad estamos dispuestos a sacrificar por una ilusión de seguridad, pero por fortuna evita ser un completo desastre sólo gracias al talento a cuadro. Un proyecto que puede ser percibido como pro I.A. no es precisamente algo que Hollywood esté apoyando por el momento, así que será entretenido ver la discusión que se genere a raíz de su estreno, quizá más interesante que el filme en sí.